Ignacio y sus raíces cordobesas

Adriana Balmori Aguirre

De todos fue siempre sabido que el nombre de nuestro estado era el de Veracruz- Llave, sólo que en su administración, Miguel Alemán el chico, decidió cambiarlo por el de Veracruz de Ignacio de la Llave, por lo que no está de más recordar quién fue este ilustre personaje, especialmente en el 157 aniversario de su prematura muerte.
Lo primero que nos preguntamos es ¿de la devoción de quién era santo, que llegó a tanto?, y descubrimos que de muchos era santo, y con razón, veamos por qué; Ignacio de la Llave Segura y Zevallos nació en Orizaba el 26 de agosto de 1818, fue hijo de los cordobeses Manuel Martín de la Llave y Fernández de Ávila y María de la Luz Segura y Zevallos perteneciente a linajuda y rica familia de abolengo cordobés, y por la vía paterna, nieto del coronel del Regimiento de Tres Villas -Jalapa, Orizaba y Córdoba-, don Francisco de la Llave y del Llano y de doña Gertrudis Fernández de Ávila, radicados en Córdoba, cuya casa se levantaba frente a la plaza principal. El coronel y su esposa eran oriundos de Santander, España y recibieron carta de nobleza por los favores que habían prestado al rey. Por razones de su oficio y negocios familiares, Martín y Luz Ma., cambiaron su domicilio a la vecina villa de Orizaba, donde Martín Manuel se distinguió como su benefactor y ahí nace Ignacio, en el número 36 de la antigua calle de San Rafael.

Ideologías
Dada la época y sus circunstancias, la familia nos resulta de lo más interesante y sobre todo muy especial, pues sus miembros, muchos de ellos notables, tenían vocaciones e ideologías realmente opuestas; podemos imaginar a la abuela doña Gertrudis toda ella piadosa y beata atravesando diariamente de su casa a la iglesia de la Inmaculada Concepción – hoy iglesia Catedral- a oír Misa y habiendo educado al mismo tiempo un hijo recalcitrantemente liberal: don José María de la Llave, constituyente de 1824 y a la vez al eminente Dr. Pablo de la Llave, también nacido en Córdoba, que se ordena sacerdote, se doctora en teología, destaca como notable botánico en la corte de Madrid y más tarde es diputado en las cortes de Cádiz en 1812, los dos tíos de Ignacio.
De pequeño un avispado y buen niño, no dudamos que el joven Ignacio haya sido todo un galán y soltero codiciado, pues es descrito como, alto, guapo, de buen carácter, de verdes ojos pardos, pelo rubio y enormes patillas a la moda, además era valiente, se había graduado en derecho, era rico, culto, de buena familia, y como si algo le faltara ¡buen bailarín!, pero él prefería la política y las armas, no obstante, cayó en las redes de Altagracia Álvarez, fina dama con la que se casó y tuvo a Amada, su única hija.
Desde estudiante, se relacionó con notables personajes como Sebastián y Miguel Lerdo de Tejada, y trabó amistad con el general José Joaquín de Herrera y cuando éste asume la presidencia nacional, de la Llave arranca del salón de cabildos el retrato del déspota Santa Anna.

A la defensa
Fue miembro de la Guardia Nacional Orizabeña y defendió el puerto de Veracruz, con Manuel Gutiérrez Zamora del asedio de Scott.
Luchó siempre en contra de López de Santa Anna quien lo consideraba su enemigo personal y en una de sus tantas vueltas al poder, lo destierra a Yucatán, Ignacio escapa y regresa para combatir con las fuerzas liberales.
En 1855 es nombrado Jefe Político del Departamento de Veracruz, y en 1856 Ignacio Comonfort lo nombra Ministro de Gobernación durante su mandato presidencial, renuncia para ser Magistrado de la Suprema Corte de la Nación; protege a Juárez cuando se refugia en Veracruz en 1858, y toma parte en la estructuración y redacción de las Leyes de Reforma junto con Lerdo y Melchor Ocampo.
En 1861 fue gobernador interino por la muerte del gobernador Gutiérrez Zamora y gobernador electo poco tiempo después. Durante 1862 declara el estado de sitio en Veracruz y disueltos los tres poderes él queda como Comandante Militar del estado.
Interviene en la decisión de la construcción del ferrocarril Orizaba-Veracruz y marcha hacia Puebla cuando la invasión francesa para defenderla junto con Zaragoza y Porfirio Díaz el 5 de mayo. Cae prisionero del capitán Forey y se fuga junto con Jesús González Ortega y José Ma. Pattoni. Con dinero propio, buscan alcanzar a Juárez en San Luis Potosí. Al pasar por Guanajuato el gobernador les otorga una escolta, y ¡qué raro! al saber que llevan 500 onzas de oro se despierta la codicia de sus guaruras, quienes les disparan a quemarropa para robarles. Ignacio queda mortalmente herido y lo llevan a la hacienda del Jaral en Guanajuato, donde muere a los 44 años, el 23 de junio de 1863 y es inhumado en presencia del presidente Juárez en San Luis Potosí en ese momento capital del país.