Mi Padre un grande

Mónica García
El Mundo de Orizaba

Son fuertes, humildes, alegres, comprensivos y a veces los mejores consejeros.
Pero esas son sólo algunas de las cualidades con que cuentan esos maravillosos hombres llamados padres, aquellos que luchan día a día por sus familias, trayendo orgullo y admiración en sus hijos.
En esta edición especial del Día del Padre, queremos rendir un simbólico homenaje a un ilustre orizabeño: Raymundo Pérez y Soto, papá de Aída Perlú, quien es heredera de una maravillosa voz.
Aída desde muy pequeña aprendió a cantar y a tocar la guitarra, gracias a las clases que su papá impartía en la casa donde vivían.
Ella lo recuerda como un hombre amoroso, amante de la naturaleza y los animales, que disfrutaba mucho de montar a caballo en su rancho; un hombre dulce y romántico, siempre con la inspiración a flor de piel, buscando en cada momento cualquier motivo para inspirarse en una nueva composición.
Ella nos presume el legado de su padre, un gran compositor orizabeño, Raymundo Pérez y Soto, hijo de Porfirio Pérez Mellado y de Susana Soto Altamirano.
Sus estudios superiores los hizo en la ciudad de Xalapa, titulándose de maestro normalista para posteriormente ir a la Ciudad de México a estudiar la licenciatura en Derecho, profesión que no ejerció, pero título que sus padres le exigían tener, para poder apoyar su carrera artística, pues desde pequeño manifestó su interés por cantar.
En los inicios de su carrera (allá por 1930), se presentó en la XEW, en donde era conocido como Ray, teniendo a su primer maestro de música, al guitarrista y compositor Guty Cárdenas.
En su trayectoria artística, alternó con artistas de la talla de Jorge Negrete, Pedro Vargas, las Hermanas Águila y Toña la Negra, en algunos filmes participó al lado de Arturo de Córdoba y Pedro Armendáriz.
Este gran músico, compositor y cantante, falleció a los 83 años, el 5 de septiembre de 1991 en la Ciudad de México dejando un gran legado a la música mexicana para orgullo de los orizabeños.