Rojo amanecer

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Rojo amanecer

Isaac Esquivel

El semáforo rojo parpadea todas las noches para contarnos la cruda realidad de muertes y contagios. Córdoba se ubica como el sexto municipio con enfermos de Covid-19 en el estado de Veracruz.
Con la economía deprimida y las protestas recurrentes, el municipio se ha ido adentrando en una ola de casos que se multiplican y ahora conviven con los diagnósticos de dengue y otras enfermedades que son impostergables de atender.
Debido a que en la región se han acelerado los reportes de enfermos por coronavirus en los últimos días y el IMSS de Orizaba tiene una alta demanda de pacientes de todo el estado, el Hospital General de Zona 8 del IMSS de Córdoba ha tenido que reconvertirse para atender pacientes Covid a la par de mantener los servicios de emergencia y otros tratamientos prioritarios y urgentes.
El personal de salud está realizando una labor titánica en las áreas de terapia intensiva, pero sabemos de primera mano que el esfuerzo es conjunto y la tensión también se propaga. Con 463 trabajadores de la salud fallecidos en el país, los bonos y medallas no son suficientes.
Garantías para la batalla, equipo, protección y seguridad para sus familias siguen siendo necesarias en estos momentos donde la ciudad atraviesa por una de las pruebas más difíciles en toda su historia.
Al menos se conoce que tres paramédicos se encuentran internados en un hospital privado de la ciudad son síntomas del nuevo coronavirus.
Como sociedad necesitamos respaldarlos y entender el riesgo constante, el esfuerzo, la frustración, el estrés, las carencias, tragedias y reclamos que viven quienes atienden la contingencia.
Al tiempo, la economía toca la puerta para salir del estado de asfixia. La exigencia porque abran los bares y cantinas va más allá del giro que es estigmatizado, es el reflejo de la desesperación por recuperar parte de todo lo perdido durante esta cuarentena. Otros no protestan porque no están aglutinados en algún gremio o un sector, pero su lamento es en casa.
Cada día sé de más personas que han optado por la venta de comida como opción ante la falta de ingresos, de otras que complementan su trabajo en la empresa con el ofrecimiento de suplementos, cubrebocas, caretas, clases en línea, manualidades, productos naturistas… El café Parroquia de Los Portales ve sus primeros comensales en mesas espaciadas y la algarabía apagada.
Toca regresar a la nueva normalidad sin miedo, pero con precauciones. Ser críticos con el desempeño de los gobiernos durante esta pandemia, discernir entre los mensajes contradictorios y demandar también el apoyo prometido a las clases medias y a las micro, pequeñas y medianas empresas.
Al recibir la autorización municipal de abrir nuevamente, los tianguis del bulevar de Fortín enfrentarán este miércoles uno de sus mayores retos. La responsabilidad será de vendedores y clientes por respetar las medidas sanitarias, pero también requieren la supervisión de las autoridades.
No caigamos en el deslinde del Gobierno federal de que cada ciudadano es responsable de sí mismo, pues ya recibimos suficiente información en las conferencias del subsecretario Hugo López-Gatell, para autocuidarnos.
Desde el inicio de la pandemia cada estado y municipio aplicó las medidas que se iban conociendo, algunas adelantadas, otras oportunas y, las menos, desafortunadas.
El decálogo motivacional del presidente Andrés Manuel López Obrador vino a culminar con ese mensaje de que a partir de ahora quien se enferme será bajo su propia responsabilidad.
Recalcar que se ha difundido suficiente información y el cumplimiento de los semáforos queda a cargo de los gobernadores de los estados va encaminado a no cargar con la tragedia, a crear en el colectivo un escudo protector de lo que se está padeciendo y a desviar la atención centrada en el Gobierno federal y el notable orador, pero desgastado vocero, quien ha tenido que alinearse a la estrategia política de su jefe.
Eso sí, las protestas las tienen que asumir las entidades y municipios, el luto y los reclamos les llegan directo, pero cuando se paran frente a la camioneta del Presidente no las atiende argumentando “sana distancia”.
Los operadores políticos, las autoridades estatales y la logística presidencial debería de evitarle esas imágenes de desatención al presidente que más cercanía ha mostrado con multitudes y familias, cuando minutos antes reconoce el derecho a disentir y a manifestarse.
Aunque el semáforo de tres colores sea tan familiar para los automovilistas, la suma del naranja, el que cada autoridad disponga de acciones según sus necesidades regionales, la presión de los sectores económicos y la falta de sanciones tipificadas para su precisa observancia lo convierten en un instrumento discrecional que no da rumbo claro a la población.
No se ha domado la pandemia. En las conferencia del propio Presidente sigue apareciendo el mensaje #QuédateEnCasa, pero él llama a salir conforme a nuestro criterio, cuando los científicos son quienes deben marca la pauta de los pasos a dar en este momento vital para nuestro presente y futuro.
En este rojo amanecer que nos pone a prueba como humanos, la responsabilidad es de todos. Hagamos la parte que nos toca. No te rindas.

En color verde
El PAN ha propuesto una alianza parcial con el PRD y Movimiento Ciudadano para las elecciones de diputados federales de 2021 e ir con el PRI en los comicios locales donde se elegirán ayuntamientos, congresos y 15 gobernadores.
El partido Movimiento Ciudadano, del líder moral Dante Delgado, rechazó por ahora la propuesta y llamó a concentrarse en el tema de salud y la reactivación económica, así como a no polarizar más al país. La contienda electoral sí está en semáforo verde.