La jirafa

Hands writing on old typewriter over wooden table background

El DINERO NO EXISTE

Luis R. Pérez Lezama*

Día 86 de la cuarentena. Las personas empiezan a sentirse presionadas por su instinto interior que les grita que es tiempo de salir, sin embargo, dentro de cada ser humano se libra una batalla que se equilibra por el miedo -más que por la prudencia o la conciencia- pues sólo un pequeño paso, una frágil línea separa el confinamiento de la irresponsabilidad. Las noticias llegan de Europa donde las primeras planas hablan “vuelta a las calles”, de sonrisas cubiertas por tapabocas, la “normalidad” está de moda. En Estados Unidos, esa frágil línea entre la cordura y el ímpetu ha sido rota -curiosamente- por uno de sus grandes enemigos internos, el racismo. No ha sido la economía la que motivo el estallamiento social, no ha sido la necesidad de ingreso la que sacó a la gente de sus casas sino la muerte de un afroamericano a manos de un “piel blanca”.
En México, las uñas deben estar limpias porque que nos rascamos mucho la cabeza los economistas de tanto pensar y pensar. Los cardiólogos deben estar atentos porque cada cifra que el INEGI ofrece es francamente de miedo. La gente murmura en casa, en las redes, en las calles: -Es tiempo de salir. Sin embargo, esos murmullos son sordos pues no hay por ahora ninguna respuesta que haga eco a esa voz, por miedo. Personalmente me parece un desperdicio invertir esfuerzo neuronal en la apertura sin embargo estoy consciente de que la mayoría de las actividades económicas deben empezar a recuperarse pues sin importar mi estilo de vida concuerdo con la necesidad de que el consumo vuelva a dinamizar un país que esta abandonado por las estrategias contra cíclicas, atrapado en un proyecto que propone un regreso al pasado y amenaza con dividir al país.
La caída del inversión fija bruta, de la productividad, el regreso al déficit de la balanza de pagos, los temibles pronósticos de una depresión económica de proporciones insospechadas en nuestro país, la acelerada destrucción de la planta productiva (desde antes del COVID), la volatilidad del no subyacente, la inevitable traición de los precios de los hidrocarburos al INPC, la inefable vulnerabilidad del peso frente al dólar, la caída de los índices de confianza y muchos indicadores más, son el “pan nuestro de cada día”. Por eso, porque la economía se está destrozando sola, porque el “trueque” está volviendo a las calles, porque hay 12 millones de desempleados y sobre todo porque la gente no aguanta más encierro es que late la voz que dice que es tiempo de regresar a la normalidad.
Y aquí, justo aquí es donde yo planteo dos preguntas tan válidas como el contexto que acabo de describir: La primera es ¿De verdad creemos que hay una normalidad esperándonos? Y la segunda ¿Abrir los comercios de verdad provocará que los ingresos vuelvan y que el motor de este país camine de nuevo? No lo creo, y le explico porque…
Entendamos algo, hasta el más valiente tiene miedo hoy día. Es una condición normal del ser humano, no importa si usted verdaderamente está preocupado por la pandemia o le parece que es un invento de los gobiernos y que la mortalidad es tan baja que más personas mueren por alcohol que por COVID. De verdad, no importa, el factor clave en todos es el miedo porque si en realidad fuéramos valientes, guardaríamos silencio y nos adaptaríamos a la realidad, pero no… queremos de vuelta nuestros comercios abiertos, nuestras fiestas familiares, nuestro ingreso, nuestra ruta al trabajo y la devolución de un México que no es perfecto, pero es nuestro y ahí está el error, no es abrir sino ¿Cómo abrir?
Es momento de ser estratégicos, abrir el comercio no significa que el flujo circular del dinero trabaje; la economía mexicana, así como la mundial están heridas, lo que antes conocimos, ya terminó, hay que adaptarse a la realidad de un mundo a distancia, a la verdad de una nueva capacidad moral de conducción social, al alejamiento. ¿De verdad extraña usted darle la mano a alguien, ahora que sabe la cantidad de patógenos que transmitimos? ¿De verdad una mujer quiere volver a la normalidad de un autobús repleto de sujetos que usan de pretexto la aglomeración para intimidarla? ¿De verdad los claustrofóbicos quieren subirse a un elevador lleno de gente de nuevo? ¿En serio quiere usted abrazar a esa persona que le ha hecho tanto daño? ¿En serio no nos hemos percatado que lo que en realidad impide que todo vuelva a la normalidad es que se han modificado de raíz las relaciones sociales? Por eso, cuando usted vuelva a la “normalidad” se va a dar cuenta que los patrones de consumo han cambiado y que la economía -tal como la conocemos- ha desaparecido porque la economía no es el dinero, sino las relaciones sociales de producción-satisfacción.
Es tiempo de dejar de soñar con un pasado que no volverá, es tiempo de aceptar que la destrucción de la riqueza ha llegado y que ello significa oportunidad. Reaperturar no significa recuperarse sino regenerarse. Si en verdad anhelamos el regreso a la calidad de vida que teníamos necesitamos adaptarnos a la nueva circunstancia. El gobierno lo entiende bien, por eso observa una “jugosa” posibilidad de adueñarse de su voluntad porque comprende que la sociedad está mas vulnerable que nunca. Por ello es obligación de cada individuo defender su libertad de pensamiento y con ella descubrir por sí mismo que no necesitamos ningún profeta salvador, necesitamos asumir el control de nuestra realidad. Mire usted, Robert Malthus fue maestro de Charles Darwin, el primero habló de “techos demográficos” y el segundo de cómo sobrevivir adaptándose al nuevo entorno; para explicar a ambos frecuentemente usamos a la jirafa como ejemplo; yo no imagino a la jirafa en su proceso de evolución llorando porque los árboles han crecido, tampoco la visualizo exigiendo que todo vuelva a la normalidad, tampoco imagino al Dios de los hombres regalándole frutos a la jirafa para que no llore, no sé pero me parece que fue la jirafa la que adecuo su genética para alcanzar su nueva realidad dotándole de un largo cuello, camuflaje moteado en su piel e independencia alimenticia, así que le repito, la vuelta a la normalidad que tanto anhelamos no existe, es tiempo de reinventarse.

*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab