La fiesta del cuerpo y de la sangre de Cristo

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“La presencia real de Jesucristo en la Eucaristía”

René Cesa Cantón

ORIGEN DE LA FIESTA

El siglo XIII fue el siglo de la gran devoción a la Eucaristía, sobre todo por la institución de la fiesta del Corpus Christi.
La fiesta comenzó a celebrarse en Lieja, Bélgica el jueves 12 días después de Pentecostés del año 1246, siendo obispo de la diócesis Roberto de Thuorotte. Las causas principales que motivaron su institución diocesana fueron las revelaciones de la beata Juliana de Rétine, priora del monasterio de Mont-Cornillon junto a Lieja, el movimiento eucarístico promovido en los monasterios, y el milagro de Bolsena.
El Papa Urbano IV, siendo admirador de esta fiesta, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264 para que la festividad del “Corpus Christi” se celebrara en toda la Iglesia en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, y pidió a santo Tomás de Aquino componer el oficio litúrgico. Esto lo hizo también porque estaba muy impresionado por el milagro eucarístico en Bolsena, Italia
EL MILAGRO DE BOLSENA
En el siglo XIII, el sacerdote checoslovaco, Pedro de Praga, se detuvo en la ciudad italiana de Bolsena, mientras realizaba una peregrinación a Roma. Era un sacerdote piadoso, pero dudó de la presencia real de Cristo en la Hostia al pronunciar las palabras de la Consagración. En ese momento comenzó a brotar sangre de la Hostia consagrada y salpicó sus manos, el altar y el corporal.
El sacerdote estaba confundido. Quiso esconder la sangre, pero no pudo. Interrumpió la Misa y guardó el corporal en el sagrario y fue inmediatamente a Orvieto, lugar donde residía el Papa Urbano IV, para relatar el hecho.
El Papa escuchó al sacerdote y mandó a Santo Tomás de Aquino y a San Buenaventura a investigar el caso. Ambos, cada uno por su lado, lo aprobaron como milagro. Ahora el corporal con las gotas de sangre se encuentra en la Catedral de Orvieto, construida precisamente para contenerlo.
En la actualidad la Congregación del Culto Divino y de los Sacramentos dejó en libertad a las Conferencias Episcopales para que se celebre esta fiesta el jueves después de la Santísima Trinidad o el Domingo siguiente. Aquí en México los señores obispos optaron por celebrarla el jueves. Pero el jueves asiste muy poca gente. Casi en todos los países, inclusive el Papa la celebra este domingo.

SENTIDO DE LA FIESTA

La fiesta del Corpus Christi es la primera que no tiene por objeto celebrar un acontecimiento de la vida de Cristo, sino una verdad de fe; su real presencia en la Eucaristía. Responde a una necesidad; la de proclamar solemnemente dicha fe. Sirve para conjurar el peligro de habituarse a tal presencia y no hacer ya más caso, mereciendo el reproche que Juan Bautista dirigía a sus contemporáneos: “En medio de ustedes está uno a quien no conocen” (Jn 1, 26)
El Padre Raniero Cantalamessa nos refiere esta anécdota: “Un día le di un libro sobre la Eucaristía que yo había escrito a una mujer incrédula y poco interesa en el asunto religioso, pero muy versada en el campo de la ciencia y de la política. Después de una semana me restituyó el libro diciéndome: “Usted no ha puesto en mis manos un libro, sino una bomba… pero ¿se da cuenta de la enormidad de las cosas que ha escrito? Según usted bastaría abrir los ojos para descubrir que hay todo un mundo alrededor de nosotros; esto es, que la sangre de un muerto hace 2000 años nos salva a todos. ¿Sabe que al leerlo, cosa que nunca me había sucedido, me temblaban las piernas y de vez en cuando debía parar y levantarme? Si esto es verdad, cambia todo…”.
Pero, más que las mismas palabras era su mirada y el tono de voz al comunicarme un sentido de asombro casi sobrenatural. Al escucharla, junto con la alegría de ver que la semilla no había caído sobre un camino duro, yo experimentaba un gran sentido de humillación y vergüenza. Yo había celebrado la Misa un poco antes; mas no me temblaban las piernas. Pensaba a cuanto estamos expuestos nosotros los cristianos – especialmente los sacerdotes – con el riesgo de tomar a la ligera las cosas formidables en que creemos, de darlas por supuestas y por tanto de trivializarlas.
San Francisco de Asís escribió una carta llena de asombro a su orden religiosa y les decía: “Oigan hermanos míos, si la santísima Virgen es enaltecida, como es justo, por lo que llevó en su santísimo seno, si es venerado el sepulcro en el que por algún tiempo estuvo yacente; ¿cuán santo, justo debe ser aquel que lo toma en sus propias manos, lo recibe en el corazón y en la boca y lo ofrece a los demás para que lo reciban? ¡Gran miseria sería y un miserable mal, si, teniéndolo presente así, se preocupará de cualquier otra cosa que estuviese en el universo entero!”
Creo que es esta la cosa más necesaria a descubrir en la fiesta del Corpus Christi: Despertar la admiración y maravilla ante el misterio. Por eso, si esta fiesta no existiese, sería necesario inventarla. Si existe un peligro que corremos los creyentes en relación con la Eucaristía, es el de trivializarla, o quitarle importancia.