El timbre del miedo

Hands writing on old typewriter over wooden table background

DESDE EL PORTAL

Marcela Prado Revuelta

El timbre del miedo, le llamo ahora. Hace más de 35 años que vivo en mi pequeña y hermosa casita con jardín, en un fraccionamiento de clase media-media, media-semi alta, donde casi todos nos conocemos. En mi calle, hace sopetecientos años que tenemos nuestros “proveedores” de cabecera, en bicicleta o moto o triciclo…
“Tieeerraaa para macetaas”, “Vainilla de Papantlaaa”, “Afiladoor”… “Las frescas florees”… “Tamalitos de elote, tamales rancheros, tamalitos de frijolees”… “Donas de chocolatee”… Los señores del carretón de la basura nos cuentan sus penas y conocemos a los que integran la marimba que llora… El pequeñito de 6 años que acompañaba a su mamá, viuda, vendiendo gorditas de chicharrón, es ahora estudiante de Ingeniería y, a veces, me ayuda a desempolvar mi tonelada de libros… El chavito de la bicicleta se está consolando del segundo amor de su vida… Don Chucho, mi albañil, está convaleciendo porque tuvo un accidente y, por esta contingencia, algo hicieron mal y le operaron 3 costillas: descubrieron ayer que tiene dos costillas más fracturadas…A sus cincuenta y pico de años, acercándose a 60, el asunto se ve difícil… El edecán del Vicealmirante retirado, mi vecino, vestido como astronauta, pone a tiempo mi reloj a las ocho en punto de la mañana.
Si usted no tiene y no disfruta de todo esto, está frito…Pobrecito de usted…
Vivimos y convivimos en mi calle, jubilados como esta vieja maestra, jóvenes parejas comenzando la vida que salían todas las tardes haciendo una escandalera de órdago con los triciclos y los carritos de los niños… Hay un gatuperio “un poquito serio”, donde seguimos buscando a Misha, la gatita que se perdió. Un jardín de niños cerrado hace casi tres meses y hasta extraño la escandalera y mis pleitos diarios porque tapaban mi garage…
Era como vivir en algo así como “los viejos barrios”, donde hasta, alguna vez, tuvimos “policía de cuadra”, que ya no existe… Al velador balín lo corrimos…
(Durante la enfermedad y óbito de mi esposo, hace poco, todos mis vecinos estuvieron a mi lado, todo el tiempo, sin importar la hora. Gracias).
Los perritos de la calle nos avisan cuando alguien desconocido se atreve a darlos lata: ladran que es un gusto y todos sabemos reconocer los ladridos de ¡Cuidado, guauuu, cuidado!… Guauuu!
Todo mundo sabe que odio que toquen el timbre. Porque nos conocemos. Reconocemos nuestras voces. Pero mi timbre suena.
El timbre del miedo, le digo…
Desconocidos que quieren “fumigar porque los mandó el Ayuntamiento”, vivales que ofrecen maravillas para el bicho, señoras maquilladas a las 7 de la mañana pidiendo para “la niña que se murió anoche”, “jardineros” con machete, que no conocemos…
EL TIMBRE DEL MIEDO…
A esto nos han llevado las mentiras. El mesianismo. La sociopatía. La inconsciencia. La estupidez congénita… Sobre todo las mentiras.
“El pico de la pandemia es la próxima semana”. Y lo escuchamos hace mucho más de dos meses. Las estampitas no han servido para ningún carajo.
Y me aferro a mis queridos vecinos y cerramos nuestras puertas a “cal y canto”… Y me siento a solas gastando todos mis pañuelitos de llorar…