SEGUNDO ISAÍAS: El Dios consolador

El“Dios con nosotros”del primer Isaías continúa encarnado en el destierro de Babilonia: Isaías Junior. Hijo de un pueblo triturado en el sufrimiento, agotado, sin fuerzas, sin fe, sin identidad. La pregunta es: ¿Cómo renacer de las cenizas? Si son un puñado de hombres aplastados. El joven Isaías brotó como semilla resistente sembrada por Dios en el desierto.
Este profeta, de la escuela del primer Isaías, es llamado por Dios a finales del cautiverio en Babilonia. Poco sabemos de su vida, pero en su escrito aparece como un extraordinario teólogo y un inspirado poeta. Sus oráculos estánincorporados desde los capítulos 40 al 55 del actual libro del Profeta Isaías.
La permanencia en el destierro de Israel parecía que era la prueba del mayor poder de los dioses de Babilonia sobre el Dios de Israel. La fe en Yahvé va a dar un gran paso al descubrir el poder absoluto de Dios sobre todo el universo. El profeta siente a su Dios como grande y perseverante en el amor, un Dios que consuela, que ha perdonado a su pueblo y lo va a establecer de nuevo en su tierra.
Un Dios maternal, una madre que, en medio del desastre, entre los escombros, rebusca el pedazo de su ser perdido entre despojos: el hijo. Lo encuentra destrozado, lo toma tembloroso en sus manos, lo contempla y estrecha profundamente contra su corazón. ¡Allí está su vida! ¡Lo volverá a reconstruir a base de amor! En un gesto conmovedor le dice a su hijo desgarrado y tirado en la basura:“No temas, porque yo te he rescatado hoy; te he llamado por tu nombre, tú me perteneces. Yo estaré contigo… Eres valioso a mis ojos; yo te aprecio y te amo muchísimo… …”(43,1-4).
Este Dios no se cansa de expresarles el amor y la ternura materna que siente por los desterrados. Él los formó desde el seno materno (44,2), y tiene entrañas de madre:“¿Puede una mujer olvidarse del niño que cría, o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque se encontrara alguna que lo olvidase, ¡Yo nunca me olvidaría de ti!”(49,15).
Esta “Buena Noticia” retumbó en los corazones heridos:“¡Tu culpa ha sido perdonada!”(40,7).“No se acuerden más de otros tiempos, ni sueñen ya más en las cosas del pasado. Pues yo voy a realizar una cosa nueva, que ya aparece. ¿No la notan?”(43,18).
La llamada del Dios del Isaías Junior sacude el pesimismo, desinstala y compromete:“¡Despierta, despierta, levántate…! Vístete de fiesta… Sacúdete el polvo… Estallen en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén…”(52,1-9).“Grita de júbilo, tú, que estabas estéril; grita de alegría, tú, que no esperabas. Pues van a ser muchos los hijos de la abandonada… Tu Creador va a ser tu esposo”(54,1-5).
Su experiencia de Dios, en medio de aquel dolor del destierro, es profundamente consoladora, llena de esperanza:“Yahvé te asegura: en el momento oportuno te atenderé; cuando llegue el día de salvación, te ayudaré. Yo reconstruiré el país, entregaré a sus dueños las propiedades destruidas… No padecerán hambre ni sed, pues el que se compadece de ellos los guiará y los llevará hasta donde están las vertientes de agua…”(49,8-10).
La única exigencia de Yahvé es justamente que se fíen de él, condición que no siempre cumplen:“¿Por qué dices y repites…: ‘Yahvé no me mira, mi Dios no tiene idea de mis derechos’? ¿Acaso no lo sabes, o nunca lo has oído? Yahvé es un Dios eterno, que ha trazado los contornos del mundo. No se cansa ni se fatiga y su inteligencia no tiene límites. El da fuerza al que está cansado y robustece al que está débil”(40,27-29).
El segundo Isaías es un típico profeta consolador. Su gran experiencia es la de la fidelidad del amor de Dios a su pueblo. Dios quiere a aquel pueblo,“más indefenso que un gusano”(41,14). Lo quiere más que a los grandes imperios:“Para rescatarte, entregaría a Egipto, Etiopía y Sabá, en lugar tuyo. Porque tú vales mucho más a mis ojos. Yo te aprecio y te amo mucho…”(43,3s).“Los cerros podrán correrse y moverse las lomas; pero Yo no retiraré mi amor, ni se romperá mi alianza de paz contigo; lo afirma Yahvé, que se compadece de ti”(54,10).
Por ello no se cansa el profeta de repetir a aquel pueblo tan hundido y desanimado la realidad consoladora de la fidelidad de Dios:“Yo te elegí… Yo te traje de los confines de la tierra… No temas, pues Yo estoy contigo; no mires con desconfianza, pues Yo soy tu Dios, y Yo te doy fuerzas, Yo soy tu auxilio y con mi diestra victoriosa te sostendré…”(41,8-10).“Yo, Yahvé, tu Dios, te tomo de la mano y te digo: No temas, que Yo vengo a ayudarte… El Santo de Israel te va a liberar…”(41,13s).“Yo, Yo soy el que te consuela”.Y añade, refiriéndose a sus opresores:“¿Por qué le tienes miedo a los hombres que mueren, a un hijo de hombre que desaparecerá como el pasto?”(51,12).
Otro importante aporte nuevo de este profeta, que se venía preparando desde hacía tiempo, es la creencia ya clara de que Yahvé es el único Dios verdadero:“No hay otro Dios fuera de mí. Dios justo y salvador no hay fuera de mí”(45,21). Por ello enseña a rechazar radicalmente a todos los otros dioses, especialmente a los dioses de Babilonia, que tan poderosos parecían. Puede paladearse con gusto a este respecto el capítulo 46.
La experiencia base es que en aquellas circunstancias Yahvé está cerca de ellos:“Busquen a Yahvé, ahora que lo pueden encontrar; llámenlo, ahora que está cerca”(55,6). No se trata de una presencia rígida, castigadora… Es un Dios amoroso, que les habla al corazón (40,1). Dios de mucho poder (40,10), que camina siempre al frente de su pueblo para protegerlo (52,12). Pastor fiel y amoroso (40,11); compasivo y consolador (49,13; 51,12); cercano y justo (50,8), que inspira confianza (52,9).“Mira cómo te tengo tatuada en la palma de mis manos”(49,16).
Dios grande y sabio:“¿Quién pesó en el hueco de su mano el agua del mar o midió con un cuarto de su mano las dimensiones del cielo?”(40,12). Ante él“las naciones son como una gota en el borde del vaso; valen tanto como un grano de arena en la balanza”(40,15).
Dios de todos los pueblos:“Ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua jurará por mí diciendo: Sólo con Yahvé se puede triunfar”(45,23s).“Que todos sepan, del oriente al poniente,que nada existe fuera de mí”(45,6). Toda rodilla se ha de doblar ante él (45,23).
“Sólo con Yahvé se puede triunfar y mantenerse firme”(45,24).Y por eso“son tontos… los que rezan a un dios incapaz de salvarlos”(45,20).
El Dios cantor de Isaías Junior nos va inundando de paz, belleza y armonía. Con su sinfonía de amor llena de alegría al corazón dolorido. Dejando el temor nos colocamos entre sus manos: ¡En ti nos abandonamos!“Yo sé que no seré engañado: cerca está el que me justifica, ¿quién quiere meterme pleito? Si el Señor Yahvé me ayuda, ¿quién podrá condenarme?”(50,8s).
Nota: Qué hermosa reflexión para poner en sus manos todos nuestros problemas y angustias en esta horrible pandemia del coronavirus que es un verdadero destierro. Podemos y debemos repetir con fe y esperanza: ¡En ti nos abandonamos!

Para reflexionar y dialogar: Is 41,8-20 (no temas)
1. Seleccionemos las palabras de consuelo de este texto.
2. ¿Sentimos también nosotros los consuelos de Dios? ¿Cómo y cuándo?
Escuchemos con corazón abierto los consuelos de Dios: Is 40,27-31; 43,1-4; 49,14-15.