Es la Boa, es la Boa…

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Héctor E. Ortega Castillo

Esta es la historia de un prominente tabasqueño que siendo joven, váse a radicar a la Ciudad de México a buscar fortuna, consiguiéndola gracias a haberse unido a otros personajes talentosos como él. Poco más tarde, a nuestra historia se le van adhiriendo cubanos, un yucateco y la alusión a un reptil de la familia de las Boidae, de la orden Squamata.
Mas no tema el amable lector, que vaya yo a adentrarme en los intrincados terrenos de la crítica política: el tabasqueño al que cito es nada más ni nada menos que Carlos Colorado Vera (1935-1986), conspicuo trompetista oriundo de Barra de Santa Ana, Tabasco (mero en los límites con Veracruz) y que viajara a la capital del país con la finalidad de estudiar trompeta clásica en la Escuela de Iniciación Artística de Bellas Artes. Allí conoce a David Quiroz, Ernesto Domínguez, Andrés Terrones, Silvestre Mercado y Juan Bustos, y más tarde, a Sergio Celada, Armando Espinoza y el guitarrista chino-mexicano William Chiu. Entre todos, conforman una agrupación llamada “Tropical Santanera”, en mayo de 1955.
A fines de los años 50’s, la agrupación musical es convocada a trabajar en el legendario teatro capitalino Follies Bergere –así como el de Francia–, en los rumbos de la Plaza Garibaldi, antes de que lo demoliesen para dar paso al Eje Central Lázaro Cárdenas (otrora San Juan de Letrán de siempre, de todos los días y toda la gente). Allí, en ese aforo encontrábase don Jesús Martínez Rentería “Palillo”, eternamente perseguido por el “Regente de Hierro” Ernesto P. Uruchurtu. “Palillo” invita al grupo de Carlos Colorado a presentarse en el Follies Bergere y, de paso, les cambia el nombre bajo la lógica de que si en Cuba hay una Sonora Matancera, en México debería haber una Sonora Santanera, por aquello de la Barra de Santa Ana, Tabasco, de donde parten muchos de sus sones.
Uno de ellos es de la autoria del yucateco Carlos Lico (1933-2009), el “Señor de la Voz de Oro”, quien en una de esas compone una de las piezas musicales más famosas y reconocibles de la cultura popular mexicana: “La Boa”.
Fue el empresario José Jesús Hinojosa quien convoca a la Sonora Santanera (que tras sus presentaciones en el Bergere, había acordado separarse) en abril de 1960. El empresario sugiere agregar a un pianista, Antonio Casas Sánchez, y les entrega la partitura de “La Boa”, que ya habían grabado previamente el grupo “Los Pao” sin éxito alguno. Hinojosa se arriesga con la “Santanera”, quienes incluyen también en la voz a la legendaria Sonia López, la “Chamaca de Oro” que por entonces frisaba los quince años de edad.
Lico, no obstante, había basado su obra “La Boa”, en un danzón cubano originado unos años atrás; y aquí va la breve historia:
En La Habana existía un afrodescendiente muy popular como danzonero: Ricardo Benedit Varela (1909-2009), al que apodaban “Angoa” (así le decían presumiblemente por problemas de dicción cuando niño). En 1944, “Angoa” hallábase bailando en Unión Fraternal, en el barrio de Jesús María y es visto por el maestro Antonio Arcaño Betancourt (1911-1994), fundador y director del grupo “Arcaño y sus maravillas”, en donde destacaba el violinista –también legendario– Félix Reyna (1921-1998). Arcaño le comenta a Reyna: “Chico, ¿por qué a ese danzón que tú tienes por ahí no le ponemos el nombre del señor que siempre está en los bailables… del cartero?”. Un par de años más tarde (1946) nace el danzón “Angoa”, quizás la composición más destacada de Reyna, origen e inspiración de “La Boa” de Carlos Lico, que en 1960 la “Sonora Santanera” de Carlos Colorado logró poner en el gusto de los mexicanos (y en toda Latinoamérica y Estados Unidos) y que ha sido grabada, desde entonces, por multitud de cantantes e intérpretes.
Esta es “La Boa” que debemos tener presente siempre, ustedes lo saben, lo saben…

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