Volver a la Nueva Normalidad

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Héctor E. Ortega Castillo

Quizás al amable lector no le sea incómoda ésta expresión. Al contrario: no debe haber un solo mexicano confinado en su casa que no quisiera volver al estado anterior a la pandemia del Bicho de Wuhan que desde marzo de este año 2020 nos ha aprisionado en nuestras casas. Y ya lo han declarado nuestras augustas y escrupulosas autoridades, al estar, en estos días, adentrándonos en “volver a la Nueva Normalidad”, lo que quiera que ello signifique y que de no ser por esa malhadada curva del demonio a la que no le da la real gana aplanarse, ya estuviéramos felices deambulando en las calles.
Y precisamente, ¿qué significa “volver a la Nueva Normalidad”? Bueno: de entrada el enunciado es contradictorio en sí mismo, toda vez que no se puede volver a lo nuevo. Es decir, lo “nuevo”, al serlo, se estrena, se empieza o se inicia; no se vuelve (a menos, claro está, que nuestra frase quiera decir algo así como “voy a volver a Nueva York”, para lo cual ha de ser menester haber ido antes a dicha ciudad). Pero a lo novedoso, no puede volverse o retornarse. Sí que se puede “alcanzar una nueva normalidad”, o “llegar a una normalidad nueva” y ya no nos suena tan paradójico como el enunciado que titula la presente colaboración.
Pero en fin, queda señalado que por voluntad de la actual administración, hemos de “volver” a la “Nueva Normalidad”. Y aquí surge otra incógnita: ¿ha de escribirse –como lo he hecho yo– con mayúsculas iniciales o no? De hecho, las reglas ortográficas indican que debe escribirse con mayúscula si es considerado un acontecimiento histórico de suma relevancia, como “Revolución Mexicana”, “Guerra de Reforma”, o “Caída de Tenochtitlan”. Pero para que la Nueva Normalidad llegue a ello quizás debería transcurrir un determinado tiempo, o esperar a que los historiadores lleven a cabo su oficio y se atrevan a indicar que el periodo que ha empezado (oficialmente) el 1 de junio de este aciago y tenebroso año, lo amerita.
Otrosí, está la palabra “normalidad”. Ha de entenderse como “aquello que se ajusta a cierta norma o a características habituales o corrientes”. Por ejemplo, despertarse, prepararse un café, desayunar, bañarse, ir al trabajo, etcétera. Todo ello entendemos que se encuentra dentro del parámetro de la “normalidad” de un individuo corriente. Lo normal no es bueno, ni es malo. Lo normal está establecido por la norma… y la norma la establece la sociedad, no el Gobierno, ni la Iglesia, ni ninguna otra institución (per se, aunque por supuesto que sí influyen en el establishment). Pero ¡cuidado! No hay que pensar que lo normal es lo mismo que lo común. Porque puede ser común que exista violencia en una localidad, lo que no lo hace normal. El peligro es que nosotros confundamos los términos y concluyamos que haya que normalizar lo común. Lo mismo aplica en pensar que es común que se crea que es suficiente el salir a votar cada tres años como buenos ciudadanos, siendo que lo normal es ser ciudadanos de tiempo completo.
En resumen: estableceremos una “Nueva Normalidad”, pero no implica que debamos lidiar con “lo común”.
Todo ello me recuerda la novela (mas no el año) “1984” de George Orwell. Allí refiérese la creación de una “neolengua”, que tenía por objeto el cambiar antiguas expresiones para poder dominar el pensamiento de los habitantes de Oceanía (uno de los tres paises en el cual se desarrolla la acción). La neolengua, modificaba expresiones y hacía inviables las formas de pensamiento contrarias a las dictaminadas por el totalitarista “Gran Hermano”. Se modifican expresiones y se les desprende del significado real para vaciarlas de todo concepto, hasta que dejan de existir en las mentes de los habitantes.
Pero no tema el amable lector: estamos más cerca de “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, que de “1984” de George Orwell. A excepción del “Gran Hermano”: que no es nadie en específico, más bien ese “Gran Hermano” somos todos los irascibles metiches de las redes sociales que queremos que los demás piensen como nosotros.
Eso tampoco es normal.

[email protected]