La nueva ‘anormalidad’ 

Hands writing on old typewriter over wooden table background

La llamada “nueva normalidad” está plagada de confusión y un nuevo récord de contagios en el país. Durante una emergencia, los mensajes que se difunden hacia la población deben ser extremadamente claros, de lo contrario, pueden convertirse en un llamado a la tragedia. 
Originalmente iba a durar del 23 de marzo al 19 de abril, pero la Jornada de Sana Distancia se extendió durante más de dos meses para arrancar con otra etapa de la emergencia: contemplar un semáforo, nuevas actividades industriales y hacer responsables a los estados de la vigilancia. 
En la forma en que se comunicó la “nueva normalidad” fue un fracaso. Pretender manipular un tema tan sensible en plena pandemia, es irresponsable. A partir de ese momento, la movilidad aumentó significativamente, comercios abrieron con algunas medidas sanitarias y parte de la sociedad dio por hecho que esto representaba un logro.  
“La epidemia de Covid está en su máximo nivel de intensidad”, afirmó anoche el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, después de haber reconocido que en algunas regiones del país las predicciones de los expertos matemáticos habían fallado, por lo que es necesario esperar más tiempo para que disminuyan los casos. 
Transitar a otra etapa sin haber pasado aún por un periodo de disminución de enfermos de coronavirus, con el país entero en riesgo máximo, el semáforo en rojo y pedirle a la población que resista más días, es una acción que ha provocado más dudas que certezas. 
Cambiamos de fase, pero todo sigue igual. Le cambiaron de nombre, pero el peligro de contagiarnos es el mismo. No usamos cubrebocas dos meses, pero ahora sí es útil. El Presidente sale de gira, pero todos debemos continuar en casa. 
Utilizaron arbitrariamente un nuevo eslogan arbitrariamente cuando los decesos y los enfermos van a la alza. Entonces: ¿De qué se trató el rimbombante anuncio? ¿De qué va el juego de los cambios de fechas, los fallos en las predicciones y la nueva etapa?
En un momento en que suman más de 10 mil muertos por Covid-19, con la insistente negación del Gobierno de México a realizar más pruebas, ganaron las ansias de entrar a esta nueva fase para reactivar la minería, la construcción y el sector del autotrasporte en todo el país, más la cervecera en la Ciudad de México.
La necesidad por impulsar la economía no está a discusión. La prisa por hacerlo de una manera confusa; con parámetros, cifras y predicciones que fallaron durante más de dos meses y una curva en ascenso, es lo que ha generado reacciones contrarias en los ciudadanos. 
Qué provocó el mensaje de la “nueva normalidad”: Lo que no se quería. La gente se relajó y comenzó a tener más actividades. No sólo por lo que han señalado como “libertinaje” social de quienes se niegan a acatar las medidas, sino por la irresponsable forma de comunicar lo que no representa un cambio en el nivel emergencia, sino un agregado de industrias y mediciones que se realizarán a través de los cuatro colores del semáforo.
No es una alivio para la población en general, es un “mejoralito” en señal de que algunos sectores, y sólo algunas regiones, podrán estar de vuelta a la actividad, sin que ello descarte el riesgo de elevar los contagios. 
Las empresas han tenido que adaptar sus espacios, comprar equipo de protección, acordar turnos escalonados y descuentos en los salarios, y reducir su producción. Los trabajadores cambiar su estilo de vida de manera drástica, para cuidarse dentro del trabajo y en el regreso a casa.
¿Por qué no esperar a que hubiera estados en color amarillo? ¿Por qué presentar una mapa nacional en rojo, excepto Zacatecas que está en naranja, como si eso representara un escalón de éxito? ¿Por qué cambiarle el nombre a una jornada y pedirle lo mismo a la gente: no salga si no es necesario? López-Gatell no ha parado de decir que la pandemia continúa. López Obrador está de gira por el sureste del país. La familia López de Córdoba está desconcertada ante las largas filas de bancos, la gente en los campos deportivos y el aumento de casos y muertes en la ciudad. 
La prisa por la “nueva normalidad” tiene más tintes de propaganda que de realidad. Mientras, nos toca como ciudadanos asumir nuestra responsabilidad y concentrarnos en tomar las medidas para disminuir los riesgos.
Los resultados del cambio de fase se verán en las cifras de las próximas dos semanas y rogamos que no sean tan lamentables como el mensaje para cambiarle de nombre al “anuncio luminoso” de una emergencia que está en su punto crítico. No te rindas.