El Diario de Ana Frank

Marilú López Baca
Colaboración Especial

Hace unos días recibí un correo de una mamá preocupada al observar un tanto melancólica a su hija adolescente. Me decía que estos meses de cuarentena, sin poder ir a la escuela y ver a sus compañeros de secundaria solamente a través de la computadora, la tenían muy triste. Me solicitaba si le podía recomendar un libro que pudiera apoyarla en este momento.
Debo confesar que enseguida pensé en “El Diario de Ana Frank”, la historia de una niña de ascendencia judía quien durante la Segunda Guerra Mundial tuvo que estar oculta junto con sus padres, su hermana y cuatro personas más en una especie de anexo al que llamará en su diario “la Casa de atrás”.
Ana era la segunda hija de Otto y Edith Frank, una familia de judíos alemanes quienes se habían mudado a Amsterdam huyendo de los nazis. Su hermana mayor se llamaba Margot.
El diario, narrado de junio de 1942 a agosto de 1944, quizás pudiera apoyar en estos momentos a los jóvenes (y a los adultos) que se inclinen por su lectura.
En principio, los adentrará de una forma diferente al desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Ya no sería la tradicional clase de Historia Universal narrada por su profesor con infinidad de fechas y batallas. Ahora, a través del diario de Ana, se podría despertar su curiosidad sobre este acontecimiento histórico, pero visto desde los ojos de una niña.
Les podría interesar la ubicación geográfica de Amsterdam, el papel que jugó durante esta guerra y el porqué esta familia, a pesar de ser alemana, fue violentada por los nazis.
Particularmente, creo que los jóvenes podrán sentirse identificados con los cambios de humor que tiene Ana, las diferencias que vive con su mamá, algunas discusiones con su hermana, situaciones que vive en su escuela, previo a su confinamiento en “la Casa de atrás”, con sus amigos, pero sobre todo la llegada de ese primer amor.
En estos momentos de distanciamiento social, este diario sería una estupenda opción para compartirla con nuestros jóvenes para comentar algunos de los escritos que Ana plasmó en su diario y contrastarlo con lo que ellos tienen hoy y lo que consideran haber perdido. ¿Cómo se sienten? ¿Cómo han vivido este proceso? ¿En qué consideran que se parecen a Ana? ¿Qué tienen ellos que Ana no tuvo? ¿Han escrito como Ana, en alguna libreta o a través de su computadora, el día a día de sus actividades? ¡Tantas preguntas que podríamos discutir con ellos! “El diario de Ana Frank” parece que recobra un sentido social muy importante en este momento.