¿Amigo o enemigo?

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Alex Villanueva
Diario El Mundo

La adrenalina está al máximo, los nervios y la frecuencia cardiaca se alteran y el sentimiento de culpa se apodera de alguien que acaba de sufrir un accidente automovilístico o pasar por una situación de enojo. Algunas de ellas, aún con las manos temblorosas, se llevan la mano al bolsillo o a la guantera de la unidad, y desesperadamente buscan tener fuego a la mano, ya sea con un encendedor o un simple cerillo.
¿Cuántas veces hemos visto a personas en esa situación tratando de buscar la calma mediante bocanadas de cigarro? Existen decenas de mitos referentes al tabaco, todos ellos para un fin común: buscar calma, o curar a alguien de algún mal sin aparente tratamiento profesional.

No ‘agarrar aire’
Uno de ellos es fumar un cigarro mientras se está ante un cadáver, bajo el argumento de no llevarse “el mal aire”. Una creencia que a través de los años se volvió una leyenda urbana, incluso entre policías, a quienes se les puede ver resguardando el cuerpo, mientras jalan el humo para evitar que le cause algún mal el estar cerca de un cuerpo, no importa si fue asesinado o fallecidopor alguna enfermedad.

Contra el estrés
Muchos automovilistas que se ven involucrados en algún accidente, usan el cigarrillo como un método para encontrar calma, aliviar el estrés o relajarse ante el evento, sin embargo, la realidad es otra.
“El fumar tras un evento estresante puede provocar taquicardia, elevación en la presión arterial, incluso hasta un infarto causado por el consumo de nicotina de manera repentina”, explica el técnico en urgencias médicas, Jaime Omar Flores García.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que el tabaco no es relajante, al contrario, la supuesta sensación de “alivio” que siente la persona al introducir nicotina, la cual es un estimulante, es la supresión de los síntomas de abstinencia producidos por la falta de la sustancia (nicotina) en el cerebro.
Encender un fósforo o tirar las brasas del cigarro cerca de un lugar donde ocurrió algún accidente puede ser mortal, pues puede haber combustible regado o los vapores volátiles, así que una chispa o una brasa pueden provocar un incendio o una explosión.

El ‘mal de ojo’
Según los estudios realizados por la OMS, el humo del cigarrillo contiene más de 4 mil sustancias, 50 de ellas causantes de cáncer, entre las que destacan el mercurio, benceno, alquitrán, cadmio, formaldehído y plomo.
Otra leyenda urbana y considerada una de las más peligrosas, es echar humo en el rostro de un niño que sufrió “mal de ojo” o que tiene alguna infección en el oído. Los estudios realizados en los cigarrillos indican que el plomo daña seriamente el cerebro, los glóbulos rojos y los riñones, mientras que el cadmio es perjudicial para el hígado.

Prender el cigarro
Otro mito que se mantiene “vivo” en los jóvenes y no menos peligroso, es el que el cigarrillo prenda “chueco”. Algunos adolescentes utilizan el método de encender un cigarro y si éste no prende de manera uniforme, es porque la pareja sentimental está cometiendo alguna infidelidad; tal vez no se terminen el cigarro, pero eso los hace más propensos a ser fumadores pasivos.

¿Buena suerte?
El ritual de la buena suerte: es un mito arraigado entre los fumadores y consiste en voltear uno de los cigarrillos de la cajetilla con el filtro hacia abajo y guardarlo de nuevo en el empaque.
Según la creencia, se pide un deseo y ese cigarro es el último en fumarse. “Ese mito me lo contó la persona que me enseñó a fumar, pero llevo muchos años haciéndolo y nunca se me concede nada”, cuenta a El Mundo de Orizaba, Israel Aguilar Jiménez, trailero y fumador desde hace 25 años.
Los mitos e historias que rodean al cigarro han atravesado la barrera del tiempo, pues se transmiten con leyendas y anécdotas de familia en familia, sin embargo, hoy que es el Día Mundial Sin Tabaco, y al conocer más y más los daños que el hábito genera, es de ponerse a pensar si en un momento de estrés, o por un poco de buena suerte, vale la pena encender un cigarro.