Columna: Tablas de Sarhua

 

Lilitt Tagle

Despertamos el décimo día en nuestro hostalito de Miraflores y caminamos la cuadra y media que nos separaba de Larcomar, el elegante centro comercial al final de la avenida Larco, desde donde el Océano Pacífico sur se mira con una perspectiva de unos 30 msnm. La blanca espuma dibujaba arabescos precisos, casi simétricos, sobre la arena. No era la primera vez que las veía, pero esta vez me sentí motivada a registrarlas en mi celular para enviarlas a mi amiga Renatta Vega Arias, artista plástica, paisajista, entre otras devociones.
La agenda estaba vacía y nos sentamos a hacer un plan en el Parque Salazar, desde donde se accede a Larcomar. Iríamos a comer a Chorrillos. El celular sonó. Nuestro amigo limeño y excelente músico, Frank Collazos, nos invitaba al Club Huanuco allá por la Avenida Cuba en el Distrito de Jesús María. Acompañaría con su guitarra a la cantante folclórica Margot Palomino. Sabíamos que tardaríamos hora y media aproximadamente en el taxi, así que nos apresuramos. Margot se sorprendió cuando nos vio flanqueando a Frank, y se mostró muy pero muy cordial con nosotras tratando de borrar (después nos dijo), el desaire que creía habernos hecho al no acudir a la presentación de nuestros libros días antes en Miraflores, organizado gracias a la gestión de otra gran amiga y artista en varias disciplinas, Marita Palomino, coordinándose ella con su esposo, y con Rocío Hilario, académicos del Instituto Raúl Porras Barrenechea, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y de quienes hablaré ampliamente en otro artículo.
La ceremonia en el Club Huanuco fue un poco adusta, rendían homenaje a alguien y entregaban diplomas, Margot entonó, entre otras canciones, Pecado de amor del compositor peruano Walter Humala: “…pues la razón nos condena mi bien, pues la razón se equivoca”, y nuestro amigo compositor y músico, rasgaba su guitarra con la pasión que sabe. Al terminar el acto, nos sirvieron una bebida que llamaron ponche. Estaba delicioso y caímos en cuenta que era un atole de arroz muy acremado.
Salimos de ahí fuimos directo a cenar chifa, una gastronomía traída y adaptada por los inmigrantes chinos, coreanos, vietnamitas y de Asia Central desde mediados del siglo XIX. Los sitios donde sirven esta comida, reciben el mismo nombre, como decir aquí torterías o taquerías. Nosotros fuimos a El árbol, cuyo dueño, amigo de Frank, nos trató de maravilla y degustamos la chifa acompañada de cerveza cusqueña y de Incacola, una bebida dorada que todo Perú consume.
Fue al terminar la chifa, a la que también habíamos rociado con un poco de pisco que Margot llevaba secretamente en su bolso, cuando la cantante dio a conocer una invitación a la embajada de Nicaragua, y que podíamos ir todos. El pisco mezclado con la Incacola, las cusqueñas negras y doradas, y la deliciosa chifa, nos habían levantado el ánimo y en seguida hubo acuerdo. Frank tomó el volante y Margot dirigió la marcha mientras nos ponían al tanto de que la escritora y cantautora peruana, Marcela Pérez Silva, la embajadora, era la viuda del legendario Comandante Tomás Borge Martínez, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
Cruzamos un área enjardinada, no muy extensa, para entrar al lugar, que era muy acogedor y a la vez, austero. Un grupo de gente deambulaba frente a unas tablas con ilustraciones y colores muy llamativos, rostros, cuerpos enteros y letreros abundaban sobre estas pinturas. Se inauguraba la exposición pictórica “Tablas de Sarhua”, del pintor Ever Arráscue como parte de un homenaje al 40 aniversario de la Revolución Popular Sandinista. Existe una tradición sobre esta expresión popular que resumo aquí, tomado el texto de las invitaciones que nos dieron: “… para trazar el itinerario del pueblo de Nicaragua en su lucha por la liberación nacional…. A manera de los artistas tradicionales, Arráscue combina textos visuales y literarios para reconstruir la historia individual y colectiva. Sobre tablas de huairuro y cedro de Nicaragua, el artista convoca los sueños de los héroes y mártires: nuestros Apus tutelares. Plasma la epopeya de las luchas y las victorias de los hijos de Sandino.”
Pasamos después a un amplio salón y comenzaron a rasgar la guitarra y a decir algunos versos, el ambiente se entonó y la embajadora interpretó “Nicaragua, Nicaragüita” de una manera magistral. Es ella una mujer muy atractiva, un poco corpulenta, de cabello cano y vestía un traje típico, tal vez modernizado. Su voz y la letra me conmovieron sumamente, me sentía como dentro de una película. Algo que siempre me sorprende es que la gente se sabe de memoria sus obras poéticas y yo, a duras penas me acuerdo de un par de poemas que, aunque simbólicos, son muy cortos. Para colmo, los ejemplares del libro que fui a presentar al Perú, los había sacado de la bolsa esa mañana en que parecía un día sin oficio.
Repasé en mi mente un par de veces cada poema memorizado, y me lancé al micrófono con ansiedad, quería mostrar que en México, hay poetas y poesía y era la única que lo podía hacer porque Miguelina, escribe novelas. Les aseguro que hice quedar bien a nuestra tierra, allá, en el seno de la embajada de Nicaragua en el Perú, frente a un montón de gente culta y conocedora del arte. Vaya desde acá mi gratitud a Marita Palomino, a Frank Collazos Garay, y a Margot Palomino, quienes han estado en México varias veces compartiendo lo que mejor saben hacer: deleitar al público.