Aritmética en tiempos de covid-19

Luis R. Pérez Lezama

La Aritmética es la rama de las matemáticas que se encarga de estudiar las estructuras numéricas elementales, las propiedades de las operaciones, los números en sí mismos en su concepto más profundo, construyendo así lo que se conoce como “Teoría de números”. La Aritmética formalizó su existencia en el siglo III a través de la obra del mismo nombre escrita por Diofanto de Alejandría, filósofo griego quien en seis tomos propuso el uso de soluciones positivas a ecuaciones lineales y cuadráticas creando entre otras cosas, símbolos para representar operaciones matemáticas. Entre ellos la creación del símbolo de “igual” así como las potencias y los números negativos. Este legado influyó en el álgebra que los árabes perfeccionaron en el siglo X y que llegó a América durante el mercantilismo.
A pesar de este contexto, la aritmética es tan mundana como despreciable por la mayoría de los mexicanos quienes la consideramos básica y por lo mismo de inmediato desprendimiento, todos aprendemos aritmética pero nadie la recuerda, a pesar de ello su importancia radica en el hecho de que es una herramienta indispensable para el entendimiento de la realidad; sin ella no se comprendería la verdad, porque estimado lector a pesar de lo que hoy se diga: La verdad es cuantificable quizá por ello tiende a ser temida.
Escrito el contexto, es menester que yo le diga que vivimos tiempos en los que, con mayúsculo ahínco se pretende desaparecer de nuestro raciocinio, por decreto, por instrucción, la unión entre la realidad y la verdad ¿Qué quiero decir con esto? Que sin importar que Diofanto haya perfeccionado las lecciones de Pitágoras, con menosprecio por la línea del tiempo que permitió al matemático persa Al Juarismi comprender este legado y sin ningún respeto para el cubano Aurelio Baldor de la Vega quien es el culpable de haber hecho infelices a muchos “prófugos de la secundaria” al escribir su famoso libro de álgebra; se pretende dejar de medir, dejar de cuantificar la realidad nacional y con ello distorsionar la verdad sobre el desempeño económico. Es entendible que las posiciones políticas sean discursivas cuando un gobierno asume el poder sin embargo al gobierno se le elije para encomendarle la obtención de resultados. Resultados, palabra que proviene de la unión etimológica de dos vocablos “re” (repetición) y “saltare” (que salta, que rebota) lo que permite inferir que resultado es la consecuencia inevitable que aquello que salta a la vista, el suceso, el producto de una acción previa de manera repetitiva, producto de la aritmética.
Así pues, un gobierno que no quiere medir, que opaca el procedimiento y que se empeña en despreciar la cuantificación se está oponiendo a dar resultados incumpliendo con el encargo que le fue conferido. Esto equivale para mejor explicación al intento de corrupción que un menor realiza cuando en una operación aritmética conoce previamente el resultado; si el procedimiento no le favorece lo modificará a placer con tal de que parezca que ha alcanzado el producto sin embargo todos entendemos bien que un producto sin procedimientos correctos equivale a resultados no comprobables.
Inevitable es por tanto que quienes entendemos la realidad y buscamos la verdad cuantificable, señalemos este terrible intento de manipulación de las cifras para que puedan ajustarse a una falsa realidad. Un intento sin duda perverso de opacar la realidad nacional y lo que es peor de convencer al mexicano que desde niño sufre para entender que una la base de la multiplicación es la suma y que sino aprendes a multiplicar jamás entenderás las divisiones y que si no divides no sabes jamás distribuir o encontrarle sentido a una derivada. Por eso hay que ser claros, no tengo duda de que en anteriores gobiernos se han maquillado cifras y que hemos rondado la profundidad del cero en muchos aspectos como: Seguridad, justicia, educación y otros, pero con el actual gobierno estamos dando un saltando sobre un trampolín que parece catapultarnos a la felicidad pero no se percibe conciencia de que entre más altas sean las promesa, el factor 9.81 m/s2 acelerará la caída de sin número de indicadores por debajo de cero.
Estamos delante de un oficialismo que se ha vuelto enemigo acérrimo de la cuantificación, que un día nos dice que mañana será el pico de la epidemia de covid-19 y al día siguiente nos dice que “mañana no es hoy”, un gobierno que habla del control de una curva con modelos “ajustados” a su interés que infieren clara inexactitud por falta de pruebas, porque le insisto sino se cuantifica no se puede comprender la realidad y entonces no hay verdad. Estamos delante de un escenario tramposo que se ríe de quienes no entienden de números, que abusa del histórico divorcio entre el mexicano y la aritmética, un gobierno que presume una caída en los homicidios dolosos cuando en realidad la oferta de delincuentes y la demanda de ciudadanos en las calles se ha reducido (menor gente en la calle, menor crimen) y por si fuera poco observamos increíblemente como se pretende comprar el futuro al proponer que las mediciones de la productividad en México entren en desuso.
Concluyo desde mi visión docente: Cuando alguien no entiende aritmética, se frustra, puede querer hacer trampa o intenta convencer de que la realidad es distinta, puede intentar modificar el procedimiento a conveniencia e “in extremis” se mostrará en total desacuerdo con quien le explica haciéndolo culpable de sus propios errores, al final si algo sale mal, el culpable de todo será usted. Por ello le recomiendo que espabile y practique un poco de aritmética antes de que en su epitafio aparezca la famosa frase que dejó de herencia Diofanto: «Caminante, esta es la tumba de Diofanto, es él quien con esta sorprendente distribución te dice el número de años que vivió. Su niñez ocupó la sexta parte de su vida; después, durante la doceava parte su mejilla se cubrió con el primer bozo. Pasó aún una séptima parte de su vida antes de tomar esposa y, cinco años después, tuvo un precioso niño que, una vez alcanzada la mitad de la edad de su padre, pereció de una muerte desgraciada. Su padre tuvo que sobrevivirle, llorándole, durante cuatro años. De todo esto se deduce su edad» ¿Cuántos años vivió Diofanto?

*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab