Morir en tiempo de covid-19

Jazmín Suazo
El Mundo de Córdoba

Rosita fue víctima del sistema: al ser sospechosa de covid-19 no pudo ser atendida por ningún médico hasta que tuviera los exámenes de laboratorio, pero primero le llegó la muerte que los resultados, aunque estos fueron negativos.
Ante la desesperación de que la neumonía se fue agravando y con las manos atadas porque nadie quería revisarla, la salud de Rosita se fue deteriorando al punto de llegar al hospital grave y morir en estos tiempos donde además no te permiten despedirte de tus seres queridos e imponiendo una incineración.
“El día que la llevé a hacerle la prueba el médico de urgencias revisó la radiografía, dijo que estaba en la línea de estar internada y no, pero como la veía tranquila que siguiera el tratamiento en su casa, que si la veíamos grave que la lleváramos. El problema fue el miércoles porque ya no dormía y se deterioró muy rápido; ningún médico la quiso atender porque querían los resultados”, comentó Héctor Camacho, nieto de Rosita.
Concepción Vázquez, mejor conocida como “Rosita” era una de las mujeres más conocidas y queridas del mercado Revolución, pues fue ese su segundo hogar al haber estado ahí más de 65 años como comerciante, según calcula su familia.
El 9 de mayo pasado, cuando iniciaron las medidas de restricción en el mercado Revolución, a ella ya no la dejaron entrar por su edad, lo que la hizo enfrentarse a una depresión, pues hasta ese día ella continuaba trabajando en su puesto, después de ese día su salud empeoró.
“No voy a demeritar el trabajo de los médicos, pero hay desesperación que no están preparados para un protocolo general, tanto para hospitales públicos como privados, ante una pandemia, ni para atención de 911 que te pueda asegurar que tu paciente pueda ser atendido, es un gran problema que no creo que se acabe el 5 de junio o el 25”.
Todavía el 16 de mayo logró llegar y atender su negocio, el cual había trabajado con esmero toda su vida, pues a pesar de sus 81 años, cada miércoles viajaba a la Ciudad de México para surtirlo.
Unos días antes se había aparecido una tos y malestar general lo que llevó a su familia a realizarle la prueba de covid en el Hospital General de Córdoba (Yanga) pero por las complicaciones que sufrió en los siguientes tres días, hizo que sus familiares buscaran la atención médica en cuatro hospitales y sanatorios, mismos que negaron recibirla hasta que tuviera los resultados.
“Nos dijeron que para que cualquier médico la atendiera necesitaba una radiografía de tórax, análisis de sangre y de orina, luego de tenerlas nadie nos la quería atender, todos querían la prueba, pero es verdad que la incertidumbre mata más que cualquier otra enfermedad”, dice su nieto.
Cerca de la madrugada del jueves 21 de mayo la dificultad para respirar y ante la falta de una ambulancia fue trasladada al Hospital General de Córdoba, donde sólo había un médico en urgencias y no había camilleros; además sin previo aviso a su familia, fue intubada, según la versión del médico es que tenía agua en los pulmones, no aguantó más y murió. Según la parte médica fue por insuficiencia respiratoria aguda.
Además del golpe emocional por la pérdida vino una escalada de dificultades, primero porque al no estar los resultados la causa de muerte era covid, eso significaba que la familia tendría que estar en cuarentena, que no se pudieran despedir de ella y los más difícil, incinerarla pese a que sus creencias religiosas lo impedían.
“El médico me dijo que por protocolo cualquier sospechoso de coronavirus su muerte era por covid-19, que ya no la podíamos ver, que buscáramos una funeraria que tuviera un equipo especializado y que tenía que ser estrictamente incinerada por ser sospechosa; al día siguiente nos entregaron los resultados y salieron negativos, por eso pudimos sepultarla como ella quería, también en la funeraria nos dijeron que no la iban a embalsamar, después de eso no volvimos a verla en la caja”, dijo a través de la línea telefónica.

Frase:
“Ella fue víctima de las circunstancias desde que le negaron el acceso al mercado, desde que nadie la quiso atender médicamente, desde que ninguna ambulancia la quiso recoger pese a que su cuerpo pedía que la atendieran, luego esperar los resultados. Es un proceso de estrés porque ni te puedes despedir de ellos, ni cerciorarte que es tu ser querido y vivir con la estigmatización de la gente al tener síntomas similares a covid”.
Héctor Camacho Reyes