Lectura del santo Evangelio según san Juan 16,23-28:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa. Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre, pues el Padre mismo les ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí del padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre”.
Palabra del Señor.

La promesa que Cristo hace a sus apóstoles, y en ellos a nosotros, es que será “en aquel día”. La frase es de tipo profético, y se refiere a un período. Este se inaugura en Pentecostés. No se refiere a los cuarenta días en que, después de resucitado, les habló del reino. Es todo el período que comienza en Pentecostés, para continuar indefinidamente.
Ante la grandeza del reino de Dios y la rudeza de los oyentes muchas veces tuvo que hablar en forma de parábolas. Pero “en aquel día” ya les hablará claramente del Padre porque poseerán al Espíritu Santo. Este mismo Espíritu les iluminará de tal manera que no necesitarán preguntarle nada, porque estarán suficientemente ilustrados, por las luces del Espíritu, para conocer óptimamente al Padre. Se cumple así lo del profeta: “Vienen días…en que no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo: ‘Conoced a Yahvé‘, sino que todos me conocerán, desde los pequeños hasta los grandes” (Jer. 31,31-34).
Una característica del auténtico cristiano, es que por poseer el Espíritu Santo, posee una sabiduría y un profundo discernimiento para comprender la propia historia. Los acontecimientos de su propia vida, alegres y tristes, los percibe como diseños de amor en los que Dios amoroso le habla y le señala el camino hacia el Reino. Por ello el cristiano vive sin miedos al mal y sus supersticiones, porque sabe que el Espíritu habita en él.