Lectura del santo Evangelio según san Juan 16,20-23:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría. Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo. Así también ahora ustedes están tristes, pero yo los volveré a ver, se alegrará su corazón y nadie podrá quitarles su alegría. Aquel día no me preguntarán nada”.
Palabra del Señor.

Siempre cuestiona el por qué parece que a los malos les va bien, ¿porque aun cuando roban, matan, hacen trampas, son infieles, aparentemente nada los detiene?. Hoy el Señor nos señala lo que sucede. En la historia hay momentos en que el mundo se alegra, es decir, todos aquellos que viven de espaldas a Dios aparentemente triunfan, arrancan a Jesucristo de sus vidas, lastimando o afectando a su prójimo.
Pero ellos no tienen la última palabra, el mal nunca vencerá al bien en el combate de la historia. Porque Jesús por su resurrección transforma la tristeza en alegría, vence el mal y hace justicia. Por ello un cristiano pone su confianza solo en Dios, porque el es el Señor de la Vida y de la Historia. El es la justicia para todos aquellos que sufren injusticia, él es el defensor de todos los que sufren.
Aquellos que no conocen a Dios, que no tienen la fe, ponen su confianza solo en las fuerzas humanas, por ello se suscitan en su corazón ante las injusticias deseos de venganza, pensamientos de odio y rencor que finalmente terminan carcomiendo su corazón y alejándolos cada vez más de la paz y la alegría.
El cristiano todo lo pone en manos de su Dios, él es su justicia y su defensor. Porque sabe del triunfo de Cristo, evita el odio y ora por sus enemigos. Sabe que finalmente Dios triunfa en su propia historia y bendice abundantemente a aquel que le es fiel.