Acoso sexual universitario: un diagnóstico III

Agustín García Márquez

Tercera parte y última. Describiremos los diversos tipos de acosadores asumiendo entonces que las relaciones sentimentales y sexuales son inevitables en los contextos universitarios, por el efecto de la mera exposición, y que más allá de las normas institucionales o legales, el acoso sexual es cuando así lo identifica la persona que se siente acosada.

El más visible es cualquier personaje que naturalmente busca pareja, puede ser insistente, infiel, y solo es otro machín percibido como una molestia. Salvo el hecho de que se encuentra en un contexto escolar, no es muy diferente a cualquier enamorado que desea mantener una relación formal, divorciarse y vivir felices para siempre. Este es el caso que requiere que las relaciones interpersonales se reglamenten en las instituciones de educación superior.

Un segundo tipo de personaje que podría ser considerado acosador sexual es el inadaptado social o culturalmente. Por lo general, comete errores en la conducta socialmente aceptada por el grupo en el que desea participar. Suele pasar con alumnos que provienen de otras ciudades, regiones o países. El lenguaje, incluso entre los dialectos del español, también agravan los malentendidos. Casi siempre lo resuelve el diálogo y la convivencia intercultural.

El lobo solitario entra ya en el ámbito de los tipos peligrosos. Tal vez sea una personalidad narcisista, que considera tiene derecho a tomar lo que desea. Por su rasgo de soberbia elige a sus víctimas y las persigue generalmente sin una red de protección, lo que lo distingue de los siguientes dos tipos de acosadores. Es más frecuente que termine sancionado cuando lo denuncian, pero no es menos pernicioso que el líder de una secta académica o los miembros del modelo de acosador – manada.

La secta académica se configura con un líder carismático y un programa más o menos académico o científico. Sin capacidad para tomar el poder de las instituciones, atrae pequeños grupos de seguidores para alguna actividad legítima que puede ser una revista, posgrado, proyecto de investigación, seminario o cualquier otro espacio académico, desde el cual obtiene recursos para sostener a su grupo. La secta académica puede proyectar a su líder y producir ideas interesantes, pero sobre todo en el aspecto sexual busca consolidar un harem, regulando la vida de los miembros del grupo. Las sectas suelen pasar desapercibidas, tanto para la autoridad como para el movimiento feminista, y son un fenómeno poco conocido.

El acosador – manada se distingue de la secta porque no controla la institución; es mucho más frecuente, pero casi tan incomprendido como la secta académica, como lo muestra la denuncia del presidente del Tribunal Universitario de la UNAM, en diciembre de 2019, señalando sindicatos y académicos como protectores de los acosadores y que casi siempre solo resultaban sancionados estudiantes, mientras que los trabajadores salían mejor librados.

Para las víctimas el acosador sexual aparenta ser una sola persona y generalmente no percibe que recibe apoyo, de otros profesores y alumnos para obtener información sobre la futura víctima, incluso el acceso a su expediente escolar. Es común que el acosador tenga partidarios que animen a la víctima para acercarse a su acosador o que fomentan las condiciones para que se encuentren.

Desde la perspectiva de otros profesores, lo que considero un patrón observado en varias universidades, se trata de un acosador laboral que también acosa sexualmente a otros docentes, personal administrativo y alumnado. Esa perspectiva es fundamental para identificarlos. En el caso del acosador – manada, siempre hay más de un acosador sexual, quienes también forman parte de un grupo que lucha por el control de la institución, ya sea una facultad académica, un centro de investigación o la misma universidad.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos, reconoce que “en la erotización del poder la satisfacción proviene del ejercicio del mismo. Cuando se controla, se ejerce el mando con relación a alguien (subordinado), en ese momento la persona es cosificada. Así, el placer sexual o genital es desplazado al lugar secundario”. Se trata entonces de una dinámica política, que usa la sexualidad para manifestar su ejercicio del poder.

En esas condiciones, cualquier denuncia de acoso sexual por parte de las víctimas se abordan como parte de la lucha por el poder institucional, en el cual está arraigado el acosador-manada, de manera similar a una denuncia por acoso laboral. El mobbing, o acoso grupal laboral, y el acoso sexual del acosador-manada, tienen muchas semejanzas y por lo general funcionan de manera similar con los mismos integrantes, y su objetivo último en ambos casos es el “asesinato psicológico” de la víctima.

El acosador-manada solo puede operar en instituciones que ha capturado, reconstruyendo las universidades como espacios totalmente opuestos a sus fines sociales. Es por ello el acoso sexual es un fuerte indicador de la degradación de las instituciones de educación superior, y su solución urgente permitirá recuperarlas para afrontar la presente emergencia nacional.