El 21 de Mayo

Adriana Balmori A.

Hablar del Parque 21 de Mayo, es hablar del lugar más emblemático de nuestra ciudad, “el Parque 21 de Mayo”, es ese espacio imprescindible en nuestra historia, digno escenario de sucesos históricos, sucedidos populares, marco de muchas de nuestras más significativas vivencias, sitial también del arte en todas sus expresiones, música, teatro, danza, pintura o literatura y ciencias, así como de eventos deportivos y exposiciones de toda clase. Ha sido y es, para nuestra memoria, cajón de inefables recuerdos, de añoranzas y regocijos, seguramente no hay un habitante de esta ciudad que no lo haya jugado, corrido, paseado o visitado; que desde arriba o desde afuera, no lo haya admirado; en una palabra, ¿qué cordobés no lo ha vivido o disfrutado? si ha sido punto de reunión para escolares, deportistas, amigos y enamorados, ¿cuántas historias de amor y desamor, nos podrían contar sus bancas y arriates? ¿cuántas promesas de amor habrán oído sus galanas farolas? ¿quién no se ha maravillado con sus espectaculares y dorados racimos de flor de mayo? con los despeinados penachos de las palmeras cuando el viento las hace susurrar o las estremece hasta doblarlas, o simplemente quién no ha buscado un remanso junto al chorro fresco y juguetón del surtidor de sus Texto fuentes, y ni qué decir cuando la densa neblina amorosa lo arropa creando un halo de misterio a su alrededor. Sin duda es el sitio de referencia por excelencia para ubicarnos en la ciudad, y en la actualidad, motivo de controversia por el uso indiscriminado que se le da para toda clase de espectáculos.

El nuestro es un Parque Principal o Plaza Mayor, nunca un Zócalo, ya que este nombre se le da a la Plaza de la Constitución de la ciudad de México porque en 1843, Antonio López de Santa Anna, encargó a Lorenzo de la Hidalga un monumento a la Independencia, del que sólo se hizo el “zócalo” o base y permaneció ahí por tantos años antes de ser demolido, que popularmente se le dio ese nombre a la Gran Plaza. Tampoco el nuestro es una Plaza de Armas, ya que las plazas de armas son los espacios abiertos que se ubican en los castillos, fuertes, cuarteles o campamentos, destinados para hacer ejercicios militares; no el sitio donde hubo una refriega o batalla. Una plaza Mayor como se prevé en las Ordenanzas de los Reyes Católicos, es un lugar principal o gran espacio abierto, para celebrar el mercado, y debe colindar con el Ayuntamiento y la Iglesia principal.

En Hispanoamérica, se les llamó plaza de armas a algunas plazas mayores en donde también estaban los edificios destinados a arsenales y atarazanas, caso que no es el del nuestro. En un corto tiempo fue llamado Plaza de la Constitución, y pronto se oficializó y popularizó el nombre de “21 de Mayo”. Actualmente es un Parque, puesto que es, un espacio delimitado, con plantas y árboles, destinado a diversos usos de interés público, dotado de elementos de ornato y disfrute.

Desde luego en sus orígenes en 1618, cuando los fundadores, D. Cristóbal de Miranda y Andrés Núñez de Illescas, – nombrados alcaldes ordinarios- y sus acompañantes realizaron el trazo de la nueva villa, que se hizo usando una cuerda para medir y marcar calles; en la más alta de las siete lomas y a lo largo de su parte más plana se asentó la Plaza Real, con dos calles que iban de norte a sur, las actuales avenidas 1 y 3, y dos que iban de oriente a poniente, las calles 1 y 3 de hoy.

Al sur de la plaza se levantaría la iglesia y al norte estarían las Casas reales -o de gobierno-, la cárcel y las caballerizas; dicho espacio, fue dedicado a Plaza Mayor, ya que ahí se instalaba en determinados días, “el mercado”, o “tianguis” como lo llamaban los indígenas, y que permaneció funcionando como tal hasta casi a finales del siglo XIX, ya consumada la independencia, como lo podemos constatar en la excelente y descriptiva pintura de nuestra “Plaza en un día de mercado”, que dejó el pintor alemán Mauricio Rugendas, a su paso por ésta, entonces villa, entre 1831 y 1834 y Plaza donde también tenían lugar toda clase reuniones de vecinos, actos civiles y militares.

La fisonomía de la Plaza se transformó en los años de l880, con la construcción y nueva ubicación del mercado en lado oeste de la ciudad, que se llamó Mercado Benito Juárez y hoy conocemos como Revolución; fue entonces que a la plaza se le ajardinó, se sembraron árboles, plantas autóctonas de hermosas flores y seguramente nuestras altivas y hermosas cuatro “palmas reales”.

También se le dotó de mobiliario, -bancas traídas de Europa-,  y con el fin de embellecerlo se instalaron dos fuentes con surtidores metálicos de fundición, bellamente ornamentados y el estanque elaborado en mampostería; y se construyó en 1895, el hermoso y original kiosko, fabricado en hierro, con techo de ocho lienzos con faldón de hermosa filigrana de hierro y pequeños y espigados remates en las uniones y en el centro de los lienzos, así como el remate central más alto; el piso era de madera con perforaciones ex profeso, construido en planta octagonal sobre un alto zoclo de mampostería, con ojivas horizontales y que hacía las veces de caja armónica, o caja de resonancia y que costó $2000.00.


Las palmeras son parte de la vegetación histórica de nuestro parque, ya que su aparición se remonta con el kiosko, esto en 1895.

Se colocó el obelisco a los héroes de las Batallas del 16 al 21 de mayo, monumento de mármol de Carrara, tallado así mismo  en Italia, de base circular y tres caras, en cada una escrita una leyenda, según se había especificado en el decreto autorizando su construcción, la primera dice:” EN LOOR AL PATRIOTISMO DE LOS CORDOBESES DURANTE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA”, La segunda reza: “SE ERIGIÓ ESTE MONUMENTO POR ORDEN DEL CONCEJO MUNICIPAL EN EL AÑO DE 1895, y en la tercera cara se lee: “A LA MEMORIA DE LOS DEFENSORES DE CÓRDOBA EN LAS JORNADA DEL 16 AL 21 DE MAYO DE 1821”; el costo de este monumento fue de 12 mil pesos, pagado de la siguiente manera: mil pesos el gobierno del estado; cinco mil pesos los vecinos, y el resto, es decir seis mil pesos, fueron pagados por el ayuntamiento. Todo dentro del recuadro ajardinado, con arriates y calles, estilo inglés, como podemos ver en las fotografías de la época y como consta en un reporte de 1895 del Jefe Cantonal; agregando que a los lados del Obelisco se colocaron sobre elegantes columnas estriadas de mármol, las estatuas en bronce de dos notables e ilustres cordobeses, que fueron ambos, además, gobernadores del estado: los licenciados José Ma. Mena Sosa y Francisco Hernández y Hernández.

En 1896 con la llegada de la luz eléctrica a la ciudad, se ilumina el parque con afrancesadas y esbeltas farolas. Todos estos cambios e innovaciones se hicieron en la administración del Dr. Enrique Herrera Moreno, uno de nuestros más destacados presidentes municipales.

En los primeros años del siglo XX, existía a lo largo de la calle 3, frente a la iglesia de la Inmaculada Concepción, un tejabán de rústica manufactura con techo de láminas, donde la gente acostumbraba ir a jugar “polaca” o lotería, y donde vendían café, atole y “antojitos”, que afortunadamente años más tarde fue retirado.

También durante una corta temporada se colocó otro obelisco, mucho más discreto y pobre y de menores dimensiones, en una de las calles, cercano al kiosko y con frente hacia la calle 3, dedicado al día del trabajo y que fue cambiado al Parque Madero y cuyo destino final se desconoce. La estatua de bronce del Lic. Mena Sosa, fue trasladada a la Escuela Preparatoria, que él había fundado y entonces la del Lic. Hernández y Hernández se colocó en la esquina norte de la plaza y la de Agustín de Iturbide en la esquina oeste, años más tarde en 1955, la del P. Francisco J. Krill, gran benefactor de la ciudad, fue situada en la esquina oriente, por último, en  l967, la del ilustre maestro y arqueólogo Ramón Mena Isassi – hijo de don José Ma. Mena Sosa- la ubicaron en la esquina sur. Más adelante en la calzada central de frente a la ahora iglesia catedral, fue colocado el monumento a Miguel Hidalgo, con una burda base cuadrada y una efigie de triste manufactura.

Estatua del ilustre maestro y arqueólogo Ramón Mena Isassi.

Durante largos años, en el mes de mayo se convertía en “recinto ferial”, ya que era precisamente en todo el parque donde se instalaba la tradicional “Feria de Mayo” hasta que resultó a todas luces inapropiado e insuficiente y a las ferias se les buscó mejor morada.

En épocas recientes fueron adoquinadas las calles 1 y 3 y cerradas al tránsito vehicular, creando así una mayor explanada frente al Palacio Municipal, además de hacer del parque un lugar más cómodo y seguro.

El mobiliario urbano, fuentes, piso y arbotantes han sido cambiados en diferentes administraciones, permaneciendo sólo las piedras originales en las partes centrales, así también dentro del programa de remozamiento que efectuó la administración anterior, se cambió el adoquín por piedra e hizo una réplica de las fuentes originales y una restauración casi integral el kiosko.

Entre los datos curiosos, hay quienes quieren ver, en la configuración de los arriates y calzadas, detalles especiales, como la forma de la Cruz Imperial de Guadalupe, condecoración concedida a Agustín de Iturbide, trazada a partir de las calles diagonales y la Cruz Pometeada con la que había sido condecorado Juan de O’Donojú, formada por las calzadas transversales y rematando los “pomos” o redondeces en las fuentes y en las bases circulares de los monumentos a Hidalgo y el Obelisco, pero sobre esto no hay nada documentado en archivo histórico municipal.