Un regalo incomparable

Jessica Ignot

El Mundo de Orizaba

“El día que él desapareció me cambió la vida totalmente, yo quería morirme, yo quería volverme loca para no saber que algo malo le hubiera ocurrido. Fue tan duro y tan difícil pensar que ya no lo volvería a ver”, es el relato de Eloísa Campos Castillo, madre de Randy Jesús Mendoza Campos, quién desapareció el 2 de agosto del 2014 en la ciudad de Orizaba.

Tras la desaparición de su hijo, hace ya casi seis años, Eloísa vive con el dolor a flor de piel, donde hay una angustia tan grande de no saber dónde está su hijo.

Por eso el 10 de mayo pasó de ser una fecha de celebración, a un día de dolor, profunda tristeza y protesta ante la ausencia de su hijo.

Cuando Randy estaba en casa, no se necesitaban celebraciones ostentosas o regalos, la sola presencia de todos sus hijos hacía que Eloísa viviera el día más especial del año.

“Ahora yo ya no tengo nada que celebrar, a pesar de que tengo otros hijos, yo me siento mutilada, a mí me falta un miembro y es como si no tuviera un brazo o una pierna, a mí me falta mi hijo y sin él la vida ya no es igual”, comenta.

El último 10 de mayo que Randy pasó con su madre, le llevó un regalo, eran unas sandalias y un ramo de flores. Randy y su hermana llegaron además con un pastel para celebrar a mamá. “Fue el último día de mayo que yo pude disfrutar y celebrar con él”.

Un consuelo

Randy desapareció, pero le dejó a su mamá un regalo incomparable, un consuelo: su hija Dayana.

“Para mí, el regalo más preciado es mi niña, ella es la que me da la fuerza, es mi motorcito, es la que me ayuda a sobrellevar esta pena. En ella yo veo reflejado a mi hijo, se le parece mucho, y las palabras que ella me dicen me hacen seguir viviendo”, comentó.

Dayana está por cumplir 8 años, pero desde los 2 años y dos meses vive con su abuelita Eloísa, a quien ahora le llama: mamá. Dayana se ha convertido en el motor de Eloísa para poder seguir buscando a su hijo.

Desde el primer momento en que su hijo desapareció, Eloísa emprendió una búsqueda por encontrarlo. Recorrió unidades habitacionales, colonias, visitó varios municipios, y se enfrentó a la crueldad de la gente, quienes jugaban con su dolor de madre en búsqueda de su hijo.

Eloísa es también integrante del Colectivo de Familiares de Desaparecidos Orizaba Córdoba, y buscadora en fosas clandestinas.

Desesperación

Ahora tras la contingencia por la pandemia del coronavirus, Eloísa dice que vive en un momento terrible, de mucha desesperación y depresión, porque no pueden salir a buscar a sus hijos.

Las autoridades nunca ha hecho una búsqueda seria de los desaparecidos, relata, el trabajo lo han hecho las familias, las madres que con sus manos rascan la tierra para encontrar a sus hijos.

Hoy las restricciones de la pandemia les imposibilita salir hacer esas búsquedas, por eso hay más rabia y más dolor, porque cada minuto que ella se quedan en casa, es un minuto que las aleja para poderlos encontrar.

Tan sólo pensar en que Randy está esperando ser encontrado por su madre, le genera estrés y angustia por no poder salir a buscarlo.

Los domingos

Los momentos vividos con Randy, siempre están presentes. Los días domingo eran un día de descanso para la familia de Eloisa, ese día la pasaba junto a su hijo. Les gustaba ir a desayunar barbacoa, regresaban a casa e iban a misa, por las tardes acudían atrás del Palacio de Hierro donde había un payaso dando su show, a Randy le gustaba ir y se reía como niño con las ocurrencias del payaso, incluso participaba en sus dinámicas.

Una madre nunca olvida, y Eloisa no olvida nada de su hijo, no puede, no quiere, y mantiene viva su memoria.

El amor de una madre no tiene límites. Y Eloísa daría la vida por hacer regresar a su hijo. Incluso cuando desapareció, ella le pidió a Dios un intercambio, que ella se fuera, pero que a cambio regresara su hijo. Así de grande es el amor de una madre a su hijo.