Madre de corazón y por decisión

Jessica Ignot

El Mundo de Orizaba

María Elena Muñoz Flores es madre por decisión de Miguel Ángel García Muñoz, lo ama tanto como ama a sus hijos propios. Su desaparición le duele tanto como si la hubieran mutilado, como si le hubieran arrancado parte de su corazón, no tenerlo el 10 de mayo y todos los días, duele tanto, ningún festejo es igual sin su presencia.

Miguel Ángel García Muñoz desapareció el 27 de agosto del 2012 en la ciudad de Río Blanco. No es un número ni una estadística, es una persona que falta en una familia, la cual está incompleta.

María Elena es tía de Miguel, pero desde pequeño, a él y a su hermana, los crío como hijos propios. Nacieron de su corazón. La madre de Miguel tenía que salir a trabajar para sostener a sus dos hijos, es por ello que María Elena, su hermana, se hizo cargo de los pequeños, junto con sus otros tres hijos. Los cinco niños de la casa, crecieron como hermanos.

De tristeza

Tras la desaparición de Miguel, su madre murió de tristeza y dolor. María Elena lo sigue buscando, con la esperanza de hacerlo volver a casa.

El 10 de mayo, era una fecha de grandes celebraciones y alegría en la casa de María Elena. Miguel festejaba a sus dos madres, tenía detalles con ellas, les llevaba un pastel y un regalo.

Hoy, esa celebración ya no es la misma sin la presencia de Miguel, hace falta su risa, hacen falta sus abrazos, sus besos, sus demostraciones de cariño. María Elena, sueña con volverlo a ver.

“Su ausencia ha dejado un gran hueco en mi corazón que no se llena con nada, a pesar de que tengo a mis otros hijos y son excelentes hijos, siempre está latente ese amor por Miguel y siempre lo tengo presente”, comentó.

Dos regalos

El último 10 de mayo que Miguel pasó con sus mamás, es un día inolvidable, relata María Elena. Miguel trabajó ese día, pero llegó con sus dos regalos, uno para la mamá de Miguel que es hermana de María Elena, y otro para ella.

La desaparición de Miguel, trajo un profundo dolor a la familia, su madre, la hermana de María Elena, entró en una profunda depresión, ya no tenía ganas de vivir, “yo le decía que le echara ganas a vivir para buscarlo, teníamos que saber de él; y también tenía que echarle ganas por su hija que estaba chica. Ella sólo decía que sí, siguió trabajando, pero se fue decayendo al cabo de los años y falleció el 18 de abril del 2016, hace 4 años; falleció sin saber de su hijo, se fue con ese gran dolor de no saber de él. Y nosotros por eso seguimos en la búsqueda, porque para mí, Miguel es un hijo, y seguimos buscándolo a nombre de ella”.

‘Rambo’

Ella se aferra a un muñeco de peluche que era de su hijo Miguel y que lo bautizó como “Rambo”, quién lo usaba como de almohada que le quitaba el dolor de cabeza porque padecía migraña.

“Rambo” es invaluable, carga consigo muchos recuerdos y anécdotas, el muñeco está en la cama de Miguel, quien al igual que su familia, lo espera de regreso.

Tenerlo en sus manos hace a Maria Elena sentir a Miguel cerca, “saber que lo tocó, que él lo tuvo en sus manos, es lo que me consuela, saber que él lo abrazaba”.

Miguel siempre fue un chico muy detallista, trabajador, preocupado por las necesidades de su familia y sus hermanos, no tuvo vicios, era muy sano.

Este tiempo por la pandemia del coronavirus, el no poder salir a hacer búsquedas de su hijo, representa sentimientos de impotencia.

Los hijos de María Elena, hermanos de corazón de Miguel y sus primos, acuden constantemente en las búsquedas que se hacen en fosas clandestinas en la zona, pero ahorita todo está detenido por la pandemia.