El regalo de volverte a ver

Jessica Ignot

El Mundo de Orizaba

Orlando siempre fue muy detallista, buscaba ser el primero en felicitar a Laura en el Día de las Madres. Hace seis años, ella recibió el último regalo de su hijo, una muñeca de trapo, negrita como ella quería. Hoy, van 6 años que no están juntos… Cristian Orlando Pérez Hernández desapareció el 20 de julio del 2014 en la ciudad de Orizaba.

Recuerda Laura que Orlando competía con sus hermanos por ser el primero en felicitar a su madre, le gustaba llenarla de sorpresas, de abrazos y besos, también regalos especiales. Hoy sólo hay dolor y añoranza.

“Él no esperaba que amaneciera, estaban las 12 y me iba a despertar para decirme: felicidades”, comenta.

El pastel

Recuerda que en una ocasión, Orlando la sorprendió, no tenía dinero para comprarle un regalo, pero le hizo un pastel. “Cuando entré a la casa olía a humo porque me habían hecho un pastel y estaba quemado, le quitaron las partes quemadas y lo decoraron, sí sabía mucho a quemado, pero ese detalle para mí es muy especial”, narra.

Hoy los 10 de mayo son diferentes, es un día muy triste porque Orlando no puede estar con su madre, “me hace falta una parte de mi corazón, tengo otros dos hijos, pero esa parte mía completa el corazón. Es una fecha dolorosa y no puedo decir que espero con ansias ese día porque ahora para mí es el día más triste porque soy una de las tantas madres que no cuenta con su hijo para que me dé un abrazo, para que me diga: “felicidades, te quiero mucho”.

Una negrita

Ese último 10 de mayo, Orlando cumplió uno de los grandes anhelos de su madre, le regaló una muñeca de trapo, negrita y con vestido rojo con bolas blancas; esa muñeca se ha convertido en el regalo más preciado que Laura puede tener de su hijo.

“Él sabía que desde pequeña tenía la ilusión de tener una muñeca, una negrita. El día que me la regaló me dijo que me tenía una sorpresa, no era grande, pero es lo que pudo conseguir, lo más parecida a lo que yo quería”, comenta Laura.

Esta muñeca es intocable, es un regalo sumamente apreciado, guardado en un ropero, donde nadie la pueda tocar, porque cuando Orlando regrese, ella le enseñará que ese regalo, esa muñeca dada con mucho amor, la acompañado durante todo este tiempo, esa es su ilusión.

Laura también conserva la última camisa que su hijo usó antes de que desapareciera, no la ha lavado porque la quiere conservar con su aroma. La huele y eso la hace sentir que Orlando sigue aquí, junto a ella.

En la espera

La contingencia por el Covid-19 ha detenido la búsqueda física de su hijo. Hay un sentimiento de impotencia, pues piensa que su hijo puede estar en algún lado esperando a que su madre llegué a encontrarlo.

Una madre nunca olvida… es una frase que forma parte del eslogan del Colectivo de Familias de Desaparecidos Orizaba Córdoba, y que efectivamente describe el sentimiento de cada una de las mujeres que han perdido a un hijo.

Laura, jamás olvidará cada rasgo físico de su hijo, tampoco su carácter alegre y optimista, mucho menos su carisma.

No olvida cada momento vivido con su hijo, como aquel momento en que trabajó en una funeraria; recuerda que un día llegó a su casa a cambiarse y empezó con sus bromas, platicó con sus hermanos, y qué nos dice: “me tengo que ir porque afuera me están esperando”, y yo le pregunté: “¿quién te está esperando?”. Me dice: “es que traigo un difunto en la carroza, él lo andaba paseando”.

Laura ríe, y dice que de su hijo se podría esperar cualquier tipo de broma u ocurrencia. Tal vez muchas de ellas simples para otras personas, pero para ella, que es su madre, son recuerdos imborrables.

Su amor hacia su hijo no tiene límites, no se puede medir, no se puede comparar. Y ella confía que ese amor, es el que un día la llevará a encontrarlo.