Con temple de acero

Mauricio Delgado
El Mundo de Córdoba

Hoy en el día de la efermera y enfermero, Quédate en Casa trae una entrevista con Rosa Aretmin Hernández Ortigoza, enfermera profesional, quien está en uno de los cuarteles en el combate nacional al Covid-19, el Instituto Nacional de Nutrición y Ciencias Médicas Salvador Zubirán, en la Ciudad de México.
Rosa es orizabeña, egresada de la UV y amablemente nos concedió un espacio en una jornada verdaderamente saturada, pues también trabaja en una clínica del ISSSTE. El cuidado de los enfermos, la sangre, la vida y la muerte, no es algo que uno busque como meta en la vida:

¿Rosa, qué te hizo tomar este camino?
“Inicialmente quería estudiar Medicina”- dice- “pues siempre me llamó la atención el área de la salud…pero no clasifiqué para la carrera, así que apliqué para enfermería y la verdad es que desde el primer semestre me enamoré de la carrera, pues lo que más me gustaba era el cuidado de los pacientes, estar al pendiente de ellos, ser parte de su rehabilitación…no es nada más recetar y adiós”, nos cuenta Rosa, quien terminó la maestría y ahora cursa el Doctorado en Enfermería.

¿En qué momento supieron que iban a enfrentar esta epidemia de pesadilla?
“Primero en noticias y redes sociales sobre lo que pasaba en el mundo” -explica- “esperábamos que no llegara a México, pero al ver el primer caso en Estados Unidos supimos que estaría aquí. El centro donde laboro es uno de los mejoreres institutos de investigación de México y Latinoamérica, por lo tanto era obvio que íbamos a tratar con el coronavirus. Nos empezaron a capacitar, a dar información incluso con colegas en otros países…aunque no imaginábamos la magnitud de la situación. Es algo nuevo”, dice con sorpresa.
La rutina de todos en esta profesión es una prueba de resistencia; Rosa tiene dos trabajos: tres noches en el Instituto de Nutrición y las mañanas de lunes a viernes en la clínica del ISSSTE, con intervalos de descanso en casa, a la que volvió casi otra clínica, por las medidas que aplica para entrar y sair, por el temor de exponer a su familia.
“Hasta que llego al Instituto me pongo el uniforme, por las agresiones al personal de salud; en la entrada me checan la temperatura, aplican el alcohol en gel, el cubrebocas es obligado, ingreso al hospital y enseguida me lavo las manos y pongo el uniforme para recibir el turno, pero si ya en él me toca terapia intensiva me cambio, porque es otro uniforme para ver a pacientes con coronavirus”, explica.
Nuestra entrevistada nos cuenta que las jornadas de trabajo son de 11 horas, en su caso de 8 de la noche a 7 de la mañana y saliendo se va a otro turno en el ISSSTE hasta las 4 de la tarde, aquí uno entiende por qué a veces las enfermeras no están de ‘buen humor’, por mucha vocación que haya…que sí la hay.
De esas 11 horas, al menos seis tienen que portar el equipo completo de protección, “usamos gogles que a veces nos queman y nos dejan marcas, por ello Dermatología nos apoya dándonos unas cintas o tratamientos”, cuenta.
“Una vez que entras al área de terapia intensiva, donde se encuentran los pacientes de covid intubados, ya no puedes salir, ni tocarte la cara, ni tomar agua…yo trato de prepararme sicológicamente para todo eso, hidratarme y comer horas antes. Saliendo nos quitamos el equipo de protección con el protocolo que determinó epidemiología, con ducha incluída, pero a veces nos toca volver a entrar y nos apuramos para cenar algo de las colaciones que nos donan algunas instituciones”.

Para muchos el tapabocas es sofocante ¿cómo manejas la ansiedad con equipo completo por una jornada?
“La primera vez utilice el equipo tres horas y sí me entró ansiedad, hasta me puse a llorar; el equipo dificulta respirar, te pica la nariz, te arde la cara, no ves porque se nublan los gogles y empiezas a pensar en la familia, en si vas a estar bien”, cuenta Rosa con la voz quebrada.
“Mi familia ha sido una parte fundamental de apoyo”, dice, “por sus palabras, porque sabes que te están esperando; tú te esmeras en tratar bien a los pacientes, porque piensas que podría ser uno de tus familiares el que estuviera en esa situación y uno esperaría que los trataran de la misma manera”, dice conmovida.
“Algunos compañeros no han aguantado el equipo de protección, sólo 2 o 3 horas por el calor. De igual forma el dióxido de carbono de la respiración, les produce mareo y han llegado a vomitar en el cubrebocas porque no te lo puedes quitar, por el riesgo de contaminarte…y uno trata de calmarlos, que respiren lentamente. En el instituto hubo contrataciones pero muchos se salieron, 50 por ciento de ellos renunció al ver la magnitud de todo lo que implicaba”, cuenta.

Sobre tus compañeros ¿cómo es ahora la relación con ellos? ¿Ha cambiado?
“Sí, nos hemos vuelto más unidos. Antes decían que los de enfermería no se apoyaban, pero ahora no existen diferencias de jerarquía, todos tratan de apoyar, el instituto mismo se ha transformado increíblemente en cuanto a estructura y procedimientos; sin trabajo en equipo no saldríamos adelante”, dice con orgullo.
Y en cuanto a las agresiones al personal de salud, la enfermera orizabeña reconoce que gracias a la medida de no salir con el uniforme ella no ha tenido problema, a excepción de la clínica del ISSSTE, donde por el descenso
de personal, los pacientes se han puesto muy agresivos.
“Lamentablemente -dice- la gente tiene mal la información, somos (el personal de salud) seres humanos, dejamos familia, también tenemos miedo, nos preocupamos y quisiéramos estar en casa para evitar el peligro, y no se vale que te agredan, te insulten o te golpeen”, lamenta.
Rosa comenta que ahora es de gran ayuda que haya transporte exclusivo para personal de salud, taxis que llegan a dar el servicio gratuito e incluso hoteles que proporcionan habitaciones para el descanso, esto luego de que varios de sus compañeros fueran bajados del transporte público en el tiempo en que salían con uniforme, “ese uniforme no es con el que entramos a ver a los pacientes; es muy triste que la gente no entienda que es nuestro trabajo”, nos dice apesadumbrada.
No es un secreto que los hospitales son lugares de vida y muerte y el personal de la salud trata todos los días con ello,

En tu caso ¿cómo lidia una enfermera(o) con la muerte?
“Es complicado, al final sabes que es parte de un proceso y haces todo lo posible porque el paciente mejore, pero algunas veces es contradictorio pues no mejora y sólo se alarga el sufrimiento, entonces hay cosas que debes dejar en manos de Dios. Ahora con el coronavirus ha sido difícil, porque los familiares no pueden pasar a despedirse cuando su paciente fallece; a la familia se le da la noticia por teléfono y es impactante y uno los entiende, lo único es hacer una oración con el paciente y acompañarlos hasta el último momento y que no estén solos. Es una situación que sí te afecta, por lo que acudimos con el sicólogo para que nos ayude a sobrellevarlo”, confiesa.
Rosa Aretmin dice que también hay alegrías, nos comentó que aunque no le ha tocado un paciente dado de alta de covid, las compañeras a las que sí, le comparten que hay mucha satisfacción y alegría en ello, de hecho Rosa, que está mucho tiempo en terapia intensiva, dice que a veces no les toca el alta de su paciente porque sucede en otro turno, pero hay mucha alegría en ver que un paciente logra superar un estado crítico y saber que formaron parte de ello.
En fotos que Rosa nos comparte de su actividad, descubrimos las de unas vacaciones en la playa y hasta de un salto en paracaídas…y surge la duda

¿cómo una persona que disfruta la vida puede vivir encerrada en un hospital, viendo personas morir?
“Pues las mismas historias de los pacientes aportan mucho a tu vida, pacientes que no se dejan caer y logran salir de la enfermedad, hay enfermos terminales que disfrutan cada momento, entonces me hizo preguntarme ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¡Hay que disfrutar la vida! yo le temo a las alturas, precisamente por eso probé con el paracaidismo, logré vencer mi miedo y eso es algo que me ayuda ahora con la ansiedad, el recordar los viajes, actividades, la playa y llenarme de energía y pensar que en unos meses podremos seguir disfrutando la vida”, concluye con sincera alegría en la voz.