¿Qué quieres decir, “madre”?

José Limon

El Mundo de Orizaba

Ver ‘madre’ (así, en minúsculas), la película dirigida por Darren Aronofsky, es participar de una experiencia creativa y provocadora.

Una trama llena de metáforas planteadas a un ritmo frenético y sin aparente línea argumental, lleva al espectador de la duda a la sorpresa, del desconcierto a la incomodidad ante lo que asemeja un perfomance teatral que pasa de lo íntimo a lo intrusivo y de lo curioso a lo desconcertante.

Jennifer Lawrence interpreta a una madre hermosa, amorosa y sacrificada “insertada” en un hogar impecable, paradisiaco, aunque laberíntico y claustrofóbico, en el cual ella se mueve como fantasma, con el rostro contraído en actitud de permanente desconcierto.

Los minutos de la historia corren “estresantes”, sin sentido aparente, incluidos planos secuencia preciosistas acompañando el andar de “madre” por la casa, aumentando la intriga del espectador sobre el personaje (¿qué busca? ¿qué le inquieta?).

El aparente estado catatónico de “madre” (así se define al personaje principal que, como varios de la película, no tiene nombre propio) da la impresión de que está experimentando un sueño o que acaba de despertar de un coma.

La incorporación de “Él”, el esposo (Javier Bardem caracterizando al único personaje cuya referencia a su identidad inicia con mayúscula) aporta más sin sentidos a la de por sí confusa trama.

Displicente, con aire de superioridad, y aparentemente ajeno a la confusión de “madre”, el personaje de Bardem provoca lecturas contradictorias. Evoca a un artista encumbrado; un “creador” autocomplaciente que desdeña las pulsiones existenciales de su musa. Un padre egoísta. Un hombre con poca empatía. Un pigmalión regodeándose con su creación…

La película avanza tortuosa, agregando personajes y momentos de delirio, rayando en lo genial y lo absurdo: “madre” tocando las paredes de la casa y percibiendo un pulso vital en ellas (¿las huele?, ¿las escucha?); la visita de un matrimonio mayor (Michelle Pfeiffer y Ed Harris), invitados inesperados que invaden el espacio de un hogar otrora impecable. El detalle del esposo que le muestra a “Él” una enigmática herida abierta en el área de las costillas. La llegada de dos jóvenes hermanos, hijos del matrimonio, y el asesinato de uno a manos del otro en ese hogar ahora mancillado. La celebración por el éxito del libro escrito por “Él”, que inicia con un admirador tocando a la puerta para felicitar al autor y termina con una bacanal orgiástica que destruye  muebles y servicios de la casa e invade la intimidad litúrgica de “madre” que sigue sin entender qué está pasando. ¿Cómo llegó esa horda a su hogar?… ¿Por qué “Él” se siente tan complacido con la adoración que le profesan sus seguidores fanatizados?.

Una suma de interrogantes que va derribando las incipientes conclusiones del espectador que todavía deberá enfrentar una escena climática de delirio puro.

Tras una elipsis en el que se plantea que “madre” está embarazada, el parto ocurre enmedio del frenesí de la fiesta por el éxito global del libro, y en un desenlace “de locos” el espectador ve angustiado cómo la turba decide adorar al bebé, hijo de “madre” y “Él”.

Como un objeto, el recién nacido pasa por las manos de todos los invitados a la fiesta, ante la mirada impotente de “madre” que observa aterrorizada cómo el fruto de sus entrañas es objeto de un salvaje ritual pagano que termina muy mal, ante el horror de ella y la displicencia de “El”, el padre.

En pleno shock por la salvajada que acaba de presenciar, es posible que a esas alturas de la historia el espectador imagine que todos los metáforas respondan a un significado más grande y benévolo. Que tal alucinación tenga una explicación racional…. Sin embargo, unir las piezas tal vez no sea fácil pues todavía deberá ver, y tratar de decodificar, el final de la historia.

Pero eso no se cuenta.

Algo curioso de “mother” es que ningún spoiler es capaz de armar por sí mismo una idea del argumento central de la historia. Con un poco de suerte éste llega, o no, sólo tras ver toda la película.

Y aunque el arte no se explica, pues su esencia es despertar interrogantes y apreciaciones, la trama de “madre” tiene al menos dos lecturas; posibles explicaciones que le dan coherencia a la historia y la elevan a la genialidad.

Si uno observa con atención la secuencia de microrrelatos verá que, aunque no parece, hay un hilo argumental, nítido, que arma el rompecabezas con pasmosa lógica.

Las respuestas están ahí, llenando la pantalla.

El principio es tan elemental que hace pensar en un axioma sicológico utilizado por el director como elemento latente de su película: la mejor manera de pasar desapercibido es hacerse notar.

En definitiva a ‘madre’ la amas o la odias, pero no hay manera de que sea indiferente.

Así que si puedes, aprovecha para verla hoy con la reina de casa. La ‘madre’ más importante de nuestro mundo personal.