La vida en un “volado”

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Gino Raúl De Gasperín Gasperín

“Paciente A de 80 años necesita de un ventilador, paciente B de 20 años necesita de un ventilador. Si paciente A recibe el ventilador vivirá 7 años más, si paciente B recibe ventilador vivirá 65 años más. Ante dicho problema se tiene que introducir un principio adicional: salvar la mayor cantidad de vidas-por-completarse”. “Una vida-por-completarse se debe de entender como aquella que aún no ha pasado por los diferentes estados de desarrollo bio-psico-social humanos (infancia, adolescencia, edad adulta, vejez)” ( https://www.proceso.com.mx/625773).
Este fragmento forma parte de un documento, ya retirado de la circulación espacial y temporal, expedido hace unos días por el Consejo de Salubridad General de la República Mexicana, llamado “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica”. En ella se definen los criterios que deben ser aplicados por los médicos de los hospitales oficiales cuando se trata de decidir a quién atender y a quién dejar morir en esta pandemia, por no existir suficientes recursos para atender a todos.
Aunque el documento fue inmediatamente retirado de internet (la conexión aparece como “altamente peligrosa”) y el secretario del Consejo salió a aclarar expedito que era un simple proyecto, el fundamento filosófico, ético, legal y social en que se inspira confirma el temor de muchos ante los abusos que están por venirse, incluso desde antes de que termine esta pandemia, por quienes tienen la responsabilidad de orientar una nación, supuestamente, hacia el bien común.
Por principio de cuentas, el criterio ético en que este documento se sostiene es de la más ramplona teoría utilitarista de la obligación. Según esta, el criterio único de lo correctamente bueno es el principio de utilidad o beneficio: una conducta es éticamente buena en la medida en que promueve el mayor bien al mayor número de personas. Es decir, lo bueno (moralmente hablando) es lo que reporta las mejores consecuencias. Lo interesante y arduo está en determinar exactamente eso: qué es lo mejor para el mayor número de personas, y a criterio de quién. Y el clásico ejemplo: un tranvía corre sin control. En el camino hay cinco personas (o un joven). Tú puedes accionar una palanca y desviar el tranvía. Pero en el otro camino hay otra persona sola (o un anciano). ¿Debes mover la palanca? Y ahora, ¿si la persona sola es tu padre?…
Rústico ejemplo, pero menos dramático que el “recomendado” por el Consejo de Salubridad: atiende al joven y deja que se muera el anciano, total, al primero le quedan muchas etapas por vivir. Y como los integrantes de ese Consejo que “propusieron” esta guía para que los médicos la apliquen conocen a la perfección el futuro de cada uno de los pacientes, tanto del joven como del anciano en “empate”, por ello aplican un criterio de salud pública que los dejará con la conciencia tranquila (¿será?). Exactamente como el que piensa que tal “raza” debe exterminarse para el bien común, o que los delincuentes deben ser ejecutados, o que los minusválidos o lisiados…
El Observatorio Filosófico Mexicano ha expuesto claramente que “Dentro de estos criterios se ponen diversos ejemplos entre los cuáles sobresalen: la opción de decidir ‘al azar’, mediante ‘un volado’ (sic), al paciente que se salvará en igualdad de circunstancias, o bien, ante el dilema de asignar un ventilador a un joven de 20 años frente a un adulto mayor de 80, se aconseja que los médicos prefieran al primero ‘porque al segundo ya le queda poco tiempo para vivir’” Y añade: “Esta guía y documentos similares afectan a toda la sociedad y deben ser conocidos y sancionados previamente por ella y no decididos por un grupo que transitoriamente se encuentra en posiciones de poder”.
Dada la controversia suscitada, el CSG reculó diciendo que el documento se publicó como “proyecto de guía” con el fin de “darlo a conocer y recabar comentarios de la comunidad científica y el público en general”. ¡Ah!… Por lo pronto, el rector de la UNAM ya se desligó de esa insólita y hitleriana “guía”.
Para finalizar, la mentada guía indica que “también debe darse prioridad al personal de salud que está combatiendo la emergencia. ‘La priorización de dicho personal de salud debe de ser absoluta’ ya que, concluye, ‘tiene un valor instrumental mayor durante la emergencia médica’”.
¿Valor instrumental? Ninguna persona es medio ni instrumento de nadie. Los médicos prestan un valiosísimo servicio humano y social, pero no son instrumentos, y menos de intereses políticos. Vale que quede claro lo señalado por los filósofos mexicanos: “La dignidad humana es irrenunciable tanto en las personas de la tercera edad como en los jóvenes. Sin embargo, (en la Guía) prevaleció el criterio de discriminación hacia las personas de la tercera edad”.
Y apenas estamos vislumbrando el futuro…

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