La tiranía de las gallinas

Hands writing on old typewriter over wooden table background

EL DINERO NO EXISTE

Luis R. Pérez Lezama

Giro despacio hacia mi costado derecho, la oreja izquierda esta adolorida después de varias horas dormido sobre la misma posición; percibo la luz de la mañana colándose entre las cortinas, escucho a lo lejos el cacaraqueo de gallinas que vigorosamente lanzan al viento su poderío matutino. Hago caso omiso de la luz, del dolor y por supuesto de la actitud imperial de las aves que seguramente anuncian con sus cloqueos, que su trabajo ha rendido frutos.

De pronto recuerdo que es hora de revisar las portadas de los distintos diarios especializados en finanzas, que hay que publicar los resultados del PIB estimado, que anoche el tipo de cambio volvía a construir una rampa sobre $24.50 y tenía toda la mala intención de consolidar un triple techo y que además tengo clase a las 8 am. Me levanto molesto porque no sé si tengamos otra noche fresca como la que ha terminado, me siento sobre la cama y reflexiono… seguimos en cuarentena, mis salidas han sido escasas y son ya casi 50 días desde que la vida cambio por completo. No se lo digo a casi nadie, pero es evidente que ser un analista financiero, un investigador económico, un docente especializado en la materia no me hará inmune a ningún virus y tampoco tengo la certeza de que mi organismo autodeterminará sin ningún contratiempo una infección viral. Creo que es obvio que existen ciertos momentos en el día que hasta el más valiente piensa sobre el futuro y éste es mi caso. He dado seguimiento al virus desde hace 18 semanas y advertí a tiempo sobre los riesgos sociales para la economía nacional que hoy camina desolada.

A pesar de ello nunca considero en mis estimaciones o diagnósticos mi propio destino y es oportuno decir que parte de esa población vulnerable integrante de ese grupo de emprendedores que están corriendo el riesgo de ver truncados sus proyectos estoy yo, por ello quizá hoy es un buen día para recordar que al igual que tú, somos muchos en este país los que hemos sido omitidos en la lista de prioridades y sobrevivimos como podemos. Somos muchos los que estamos justo en medio de la pirámide; muy lejos de la riqueza, de la suficiencia financiera, pero de igual manera distante de la pobreza alimentaria. Esta posición es hoy más dolorosa que nunca porque la justa medianía es una gran extensión de terreno que este gobierno ha olvidado. Hoy el discurso es para los pobres mientras son ignorados los empresarios, los primeros son nombrados porque son la base electoral que el año próximo mantendrá los tornillos de la silla presidencial fijados al piso, los segundos son valientes rebeldes sin voz que, en aras de defender su patrimonio y sobre todo los empleos; buscan espacios financieros que conviertan en alivio temporal esta coyuntura.

Me aseo y tomó un poco de té mientras analizo esta realidad al tiempo que pongo atención y mucho alimento en el comedero de las aves de corral que exigen mi presencia tras haber entregado dos huevos.  Aprovecho para decirme a mí mismo: “Todo esfuerzo, es trabajo y el trabajo es la motivación del esfuerzo” por ello soy recíproco con ese par de damas que hacen mucho más por mi familia que este gobierno.

Me dispongo a resolver los enigmas de esta recesión que ya todos sabemos, es la más profunda en la historia, despejo mis temores, no hay tiempo para angustias. La clave de la salud es la prevención y la altísima disciplina mental durante el encierro. Disciplina y precaución que sin duda le han hecho falta al gobierno federal no sólo para atender esta pandemia, llena de simulaciones político-numéricas, ventajas electorales y omisiones aberrantes sino también para ver hacia atrás, antes de la pandemia, pues los resultados del 1T’2020 de la economía son totalmente coincidentes con el proyecto de empobrecimiento en el que México se embarcó sin saberlo. Los datos negativos de un -2.4% anual no son descuidos; son en realidad ausencia de compromiso con el crecimiento y reflejan el desinterés mezquino por las mediciones. Son parte de la nueva ola de “ciencia socio-experimental” que eleva el empirismo, las políticas públicas “elaboradas sobre las rodillas” así como la sobre exposición mesiánica en medios, a la nueva tiranía minimalista de la realidad mexicana que será insuficiente para equilibrar la riqueza de un país puberto que esta en crisis desde antes de que el virus llegará.

Afortunadamente, después de un largo caminar por esta profesión, después de ser indiferente a mis propios temores y omiso con mis propias dolencias físicas tengo la intención de vencer el miedo con trabajo, la desesperanza con necedad, la indolencia de este gobierno por la clase media con la tinta fortalecida del debate de ideas y sobre todo la firme convicción de hacer contrapeso a este intento de construcción dogmática de la aceptación de la pobreza con la fuerza de la libertad individual y el derecho a reivindicar las pérdidas de un modelo global en plena transformación. Tengo claro que el camino de la evolución de la ciencia económica y de la revisión del desempeño del sector público son fundamentales para hallar la ruta hacia la verdadera transformación pues este capítulo sólo formalizará las viejas prácticas y las anquilosadas estrategias de manipulación social mediante la dádiva, la ayuda, la limosna, la beca, la comercialización de la pobreza.

Mi padre me escribió alguna vez que soy “una gota de agua en el desierto”. Es posible, pero tengo el derecho a soñar con una nación verdaderamente libre, sin reservas, sin intereses creados, sin grupos de poder, sin vocación retórica, sin animadversión cuantitativa y hasta en tanto no alcancemos el nuevo equilibrio de poderes mediante una real fiscalización ciudadana, la única autoridad moral que reconoceré es la de mis aves de corral que fieles a su compromiso me hacen forzoso el despertar, me exigen con sus cloqueos incesantes que atienda sus demandas alimenticias, que revise la calidad de sus resultados, aves que son de mi propiedad, que compré con el fruto de mi trabajo y que en virtud de que me entregan dos huevos diarios -que es mucho más de lo que el gobierno puede ofrecerme- las reconozco como las únicas autoridades morales sobre mi existencia, la única tiranía que reconozco, es la de mis gallinas.

*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista.  Twitter: @SAVERThinkLab