La división de poderes

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DESDE EL PORTAL

Marcela PRADO REVUELTA

Si no la cambiaron anoche (uno nunca sabe lo que pasa en estas cuestiones con un Legislativo más bien agachadizo y “a sus órdenes patroncito”), la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice, título tercero, capítulo I:
“Artículo 49: El Supremo Poder de la Federación se divide para su ejercicio en Legislativo, Ejecutivo y Judicial”. (sic)
Si usted se fija un poquito, el Supremo Poder comienza con el Legislativo. El Ejecutivo es el empleado y el Judicial el que, supuestamente, pone orden, aunque en este momento sentimos como que vivimos, además de encerrados, en el desorden constitucional más absoluto. No puede esperarse más de quien tardó 14 años en recibirse de abogado.
Artículo 49, párrafo segundo: “No podrán reunirse dos o más de estos Poderes en una sola persona o corporación”. (sic).
Existen excepciones para otorgar facultades extraordinarias al Ejecutivo de la Unión, conforme a lo dispuesto en el Art. 29, (invasión, perturbación grave de la paz pública), o del artículo 131, (importaciones, exportaciones, economía del País).
El segundo párrafo del Artículo 49 es la agarradera de que están echando mano, como queriendo pelear, los actuales di-puta-dos, mesiánicamente controlados.
Estudiar estas cosas quizá les parezca aburrido: no lo es.
Es fascinante descubrir que en el Título Tercero, Capítulo II, de nuestra Constitución, (si no la cambiaron anoche, repito), que habla del Poder Legislativo, dedica 29 artículos a este Poder Legislativo, (del 50 al 79).
Al Ejecutivo le tocan 14 miserables artículos, del 80 al 93 y al Poder Legislativo apenas 13 artículos, del 94 al 107.
Si usted se fija, como buen ciudadano, (que tiene que empezar a pensar en el 2021), releer nuestra Constitución no es tiempo perdido: es tiempo ganado para entender lo que están tratando de hacer de nuestro País, que, ni modo, tiene una como “necesidad monárquica”, si nos andamos fijando en la Reina del Carnaval, Reina de la Belleza, Reina de la Juventud, Reina de la Senectud, Reina del Club, La Flor más bella del Ejido, Reina del Jardín de Niños y demás etcéteras que siempre me han botado de risa, aunque confieso que me tocó ser Princesa de la ESBAO, porque me ganó Gualupita Rodríguez, hace millón de años…
El problema que yo veo, en este momento, y seguramente ustedes también, es que nos hace falta una “oposición fuerte”.
En la masa de diputados que integran el actual Poder Legislativo del Congreso de la Unión, existen personas preparadas y conocedoras de las Leyes: pero son minoría.
No pueden contra la masa de legisladores analfabetos funcionales, acomodaticios, arribistas, desconocedores de la Historia, de la Ética y de la moral.
“Y lo piorcito”, como diría mi “máistro” de obras, es que tampoco siento que tengamos líderes, en el completo sentido del término: carismáticos, educados, honestos, incorruptibles… (A los dos hombres en quienes ví tamaños para el liderazgo de nuestro País, y que tuve el honor de considerar amigos, Alfredo V. Bonfil y Luis Donaldo Colosio, sencillamente los mataron. Punto. Nada de líderes que cuestionen el “statu quo”)…
“El Estado soy yo…”
Así que hágame el favor de ponerse a releer nuestra Constitución, para lo cual no necesita ser abogado carajo, y a buscar su lámpara, como Diógenes, para ver si “encontramos al hombre”, o la mujer, que pueda sacarnos del atolladero jurídico en que estamos…
Porque en caso contrario, yo me remitiría a la Octava Sala del sistema jurídico de los Aztecas, el Cuashacalli, integrada por los tetliquan, donde se juzgaba a los traidores y se los condenaba a muerte.
Civil o “de a deveras”… Y nada más.
¡Y que me aparten mi mesa en Los Portales!.. Al rato nos vemos…