Señales de alerta

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Las señales apuntan a que México será un país con mayor desigualdad económica, polarizado por clases e ideologías, y con un gobierno que puede sucumbir a la ambición de conservar el monopolio del poder, reformar las leyes a su conveniencia y utilizar el aparato gubernamental sin mediar razones ni derechos, para alimentar alianzas y reprimir a quienes considera sus adversarios.
No sólo estamos frente a los graves efectos que ya se resienten por la pandemia de coronavirus, nos dirigimos hacia una grieta difícil de cerrar si el Presidente no retoma el rumbo con señales democráticas y no autocráticas, con apertura a todos los sectores sin abrir más la brecha entre ricos y pobres, buscando consensos en lugar de arreciar la confrontación, aceptar ciudadanos con visiones diferentes y dejar de etiquetarlos por seguidores o enemigos. 
En este país se han venido encendiendo focos rojos que llegan a quedarse prendidos como en el tablero de un auto: no se apagan hasta que se corrigen.
Por ser una sombra que lo persigue desde campaña, el presidente Andrés Manuel López Obrador se refirió el sábado pasado, en un mensaje dirigido a la clase media y alta, que su gobierno “no va a reprimir, porque han llevado a cabo modelos económicos con el uso de la fuerza, de la mano dura con la dictadura”.
A ese mensaje se le sumó uno más claro. Con la crisis encima, López Obrador envío a la Cámara de Diputados una iniciativa para reformar la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria para que su artículo 21 quede de la siguiente manera, según lo que ha trascendido hasta ahora: “En caso de que se presenten emergencias económicas la Secretaría (de Hacienda) podrá reorientar recursos asignados en el Presupuesto de Egresos para destinarlos a mantener la ejecución de los proyectos y acciones prioritarias de la Administración Pública Federal”.
Tiene razón el Ejecutivo federal, lo que viene no será la mano dura de la llamada “Guerra sucia”, sino la mano que firma decretos presidenciales, reformas a la Ley y utiliza la existente “aplanadora” de legisladores de Morena, los partidos aliados y los llamados programas sociales, para concentrar el poder y darle margen de acción ante cualquier circunstancia adversa. 
Este lunes dio su primer paso la iniciativa que dejaría sin facultades a la Cámara de Diputados en materia de presupuesto, pues de quedar así el destino de los recursos públicos se decidirán en Palacio Nacional, sin ser discutidos por los legisladores. 
Perder la mayoría en el Congreso y pasar después el filtro ciudadano de la revocación de mandato preocupan al Presidente. El gobernante busca conservar el poder, pero no debe ser a costa de un país dividido, no sacrificando el bien de la mayoría por enfocar beneficios sólo a quienes sirvan a sus propósitos, no pasando por encima de los otros poderes, no utilizando recursos públicos. 
Esta semana se votará en comisiones la iniciativa de reformas del Presidente y se prevé que el martes de la próxima semana se vote ante el pleno en una sesión extraordinaria que se espera sea presencial, según lo acordado este lunes en la Junta de Coordinación Política por la mayoría de legisladores de Morena y sus aliados. 
El coordinador de Morena, Mario Delgado, justificó que lo que se busca es “regular y determinar cuándo se declara una emergencia económica, una emergencia sanitaria y los márgenes de acción que se le dan al gobierno”, argumentando que López Obrador pudo irse por la libre sin ninguna modificación a la ley, debido a la discrecionalidad en el ejercicio del gasto sin caer en ninguna ilegalidad, porque el marco jurídico lo permite.
¿Entonces por qué lo hace? ¿Por vacíos históricos en la legislación? ¿Por necesidad imperiosa, cuando tiene las facultades constitucionales? Lo hace porque las circunstancias lo obligan a mantener el control del presupuesto amparado bajo la ley.
Como lo hizo al elevar a rango constitucional los programas sociales y crear el sistema de salud para el bienestar. 
Por ahora, los coordinadores del PAN, PRI y PRD manifestaron que no avalarán ninguna concentración de poder, rechazaron cualquier intento de eliminar contrapesos al Ejecutivo federal y de aprobarse la iniciativa consideraron que se le darían facultades al Presidente para manejar discrecionalmente el Presupuesto de la Federación. 
“El siguiente paso sería la dictadura”, manifestó el líder de la bancada priísta, René Juárez Cisneros. 
Antes, un diputado de Morena ya había presentado una iniciativa para que la Afores la administre el gobierno, a lo que López Obrador respondió ayer que pasando la emergencia “va a haber momento para revisar lo que se hizo en el periodo neoliberal de privatizar los ahorros” y se requiere de un “rescate”, lo que confirmaría la pretensión de que el llamado Banco del Bienestar administre los recursos de los trabajadores que hoy están en manos de las instituciones financieras privadas. 
Poder salir con la ayuda de Estados Unidos de esta emergencia tanto sanitaria como económica, el riesgo de perder la mayoría de la Cámara de Diputados y pasar el filtro de la revocación de mandato, son temas que le preocupan al mandatario. ¿Cuál será su prioridad?

Pobre… también la ayuda
Los apoyos económicos anunciados hasta ahora por el Gobierno de México para enfrentar la contingencia equivale sólo al 0.6% del Productor Interno Bruto (PIB) frente a Estados Unidos que ha destinado 12 por ciento; Perú, 7 por ciento; Brasil 6 por ciento y Chile, 5 por ciento. 
Además de la precaria respuesta, los créditos avalados por el IMSS para empresas que cubrieron sus cuotas obrero-patronales en los primeros tres meses del año son de apenas 25 mil pesos y contemplan a aquellas con más de 50 empleados, recursos insuficientes para solventar una crisis de estas dimensiones y menos para cubrir siquiera la nómina de una quincena.
Y a varios pequeños negocios que no están en el padrón del bienestar, el sistema de solicitudes los rechaza discrecionalmente sin ofrecer variables, por lo que tienen que acudir a “autocensarse” a los oficinas de la Secretaría del Bienestar, a ver si pasan la aduana y reciben el apoyo en un futuro… mientras, la quiebra ya está encima y las cortinas abajo.