Alarcón, el eterno

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Alarcón,
el eterno

Tomás Setién Fernández

Hoy que la Tercera División profesional fue el postrer circuito, con el cuál cerrar filas, con pleno alto por delante, escasas cosas llenas del más puro positivismo se puede hablar de un torneo en que tuvo como jefe vigente a aquel Señor Alarcón que se eternizo de una manera fecunda y fuera de lo normal, por el espacio de casi quince años en el poder de mandar casi niños a la práctica del futbol profesional, cuando todavía gran parte de sus estómagos no estaban del todo tatemados.
Más historias geniales se dieron en el mínimo circuito de ascenso, habiendo reconocido como un árbitro cojo a aquella gran esperanza del futbol mexicano rentado, a Federico Ortíz Maldonado, que dentro de la acción de un inter escuadras jugando para el equipo del América, una dura entrada de VAVA le retiro la tarjeta de circulación como gran futbolista rentado.
Evocando como si fuera el día de ayer esas sus frases llenas de amargura, cuando la directiva Azulcrema ignorando todo sus problemas, le dio el apoyo a jugador amazónico, y a él lo mandaron con un solitario silbato para que no se muriera de hambre
Otra vez en el Campo Cidosa nos tocó descubrir en pleno sol general, a un destructor de nazarenos, correspondiéndole esa situación nada grata al todavía jugador charrúa Gisleno Medina, y no miren todo lo que le expreso a ese árbitro que necesitaba un paraguas para evitar tanto daño sobre su persona.
Eran tiempos de dobles partidos dominicales, al medio día los Leones de Río Blanco abrían sus puertas, mientras que dentro del horario vespertino no había fuerza humana que impidiera ver los juegos como locales de los Cerveceros del SOAIC. En aquella cancha leyenda de su respectivo hogar, y mientras Ricardo el Chivirin Contreras con látigo en mano domesticaba a sus jugadores, por las tardes dominicales aparecía gran parte de la leyenda en la banca del SOAIC dirigiendo los caminos triunfales de los Cerveceros.
Grandes amigos de toda una vida, como mi tocayo Tomás Blanco el que siempre ganaba los pollos grandes bares de mi Pluvosilla querida, alguna ocasión un arbitro expulso a Tomás mi tocayo y a un servidor de aquella banca inolvidable del SOAIC.