Clásicos de Don Camilo

A Manera de
comentario

Cásicos de
Don Camilo

Tomás Setién Fernández

Los dos personajes tan distintos como el agua del aceite ya estaban girando, y jugando al futbol por las riveras del Río Po dentro de la mente de su creador Giovanino Guarechi, texto que se convirtió en más de treinta filmes, siempre llevando el pregón con Dios el máximo jefe de una iglesia católica, apostólica y romana, el cordial Don Camilo que siempre fue interpretado por uno de los máximos cómicos surgidos en Francia, el notable en vida Fernandel, solo teniendo un real opositor en la presencia de Peppone, correctamente interpretado por Amadeo Nazari, en sus funciones de alcalde comunista del lugar-.
Más sus clásicas reyertas siempre encontraron la sede ideal en una cancha de futbol, en donde en más de una ocasión los monaguillos de Don Camilo lograron vencer y hasta golear al odiado escuadrón de Peppone, pese a las intervenciones de árbitros comprados a precio de oro por el alcalde comunista, y que en más de una ocasión el sacerdote casi santo contemplo dentro de su equipo a falsos jugadores que mandaban sus remates finales hacia el sol y la luna.
Don Camilo tenía una excelente relación con el Cristo Cruxificado, principal personaje del templo mayor de su iglesia, formando ambos una dirección técnica asombrosa y milagrosa, repasando las jugadas que llevarían al cabo enfrentando al enemigo común y nada corriente, teniendo que aceptar Don Camilo, las últimas instrucciones de Dios que para aceptar y comprender el balompié universal se pintaba solo.
Al final de los seriales de este tipo de filmes, brotó lo que parecía un imposible, la chispa que se transformó en llamarada entre el bueno y el malo, no siendo en realidad Peppone tan malo como un cólico de estómago dado en mitad de la noche.
Más en donde no hubo cambio absoluto fue dentro de las formaciones futboleras de uno y otro equipo en donde lo más grande y estelar era el ganar el partido, convenciendo a católicos y comunistas de los atributos de los diversos jugadores, reales cracks del terreno de la acción, repetimos,solo reconociendo una derrota del cuadro divino de Don Camilo, cuando los árbitros casi fueron colgados de los árboles.