El mártir del calvario

Tomás Setién y Natalia Setién Aguilar
Miguel Morayta y Enrique Rambal, ambos españoles, se unieron para la realización de, tal vez, la más célebre biografía del Hijo de Dios, estrenando el día dos de abril, en plena Semana Santa con rezos y oraciones en los templos erigidos a Dios, siendo este filme el primero en ser invitado a uno de los mejores festivales del séptimo arte: Cannes, en el año de 1954.
La buena vibra de tanto el realizador como del actor principal, Rambal, realizaron un filme que nunca, ninguna de sus escenas salieron de los Estudios Tepeyac, conmoviendo la actuación de Rambal, que durante la duración de la cinta, comía poco, solo pan de centeno, y se le contemplaba todas las tardes visitando desde la Catedral hasta las iglesias más pobres de México.
Es más, la cruz que cargó Enrique no era para nada de utilería, y la sangre que le brotaba de su cabeza era tan real como la corona de espinas colocada sobre su testa.
Por eso y una infinidad de cosas más, se puede decir que para muchos fue la mejor biografía de Jesús en el cine mexicano, rodeado de un gran grupo de actores, esos exhibiendo el acta de nacimiento de ser mexicanos, como Consuelo Frank, como la Virgen María; Manolo Fabregas, como Judas iscariote, y José Baviera, poniéndole fin a su quinto papel en la pantalla como Poncio Pilatos.
Apareciendo como sus dos principales apóstoles, Miguel Ángel Ferriz, como Pedro, el que lo negó tres veces mientras cantaba el gallo, y Felipe De Alba, como Andrés.
La paternidad española en las historias de Cristo en el cine mexicano se partiría con la cinta El Proceso de Cristo, con la actuación de un hijo de Dios improbable interpretado por Enrique Rocha, amo y señor de la zona rosa; cinta dirigida por Julio Bracho en el año de 1966.
Para na nueva reaparición de actores hispanos, como el caso de Carlos Piñar recreando como asaltante de bancos la recreación de Iztapalapa, hecho que quedó en el abandono tras el Coronavirus.