Uno de los Siete Magníficos

Tomás Setién y Natalia Setién Aguilar
Ensoñación de ser uno de esos perdedores de revólveres humeantes, cuyo final al relato fílmico encuentran su real verdad, el de ser héroes con la vida o sin ella, buscando ser uno de aquellos Siete Magníficos que comandados por Yul Brynner, el Crist guardavallas superior de los inadaptados casi retirados del manejo de armas y navajas, guardan para sí la misión más importantes de sus vidas, el ayudar por nada a un grupo de campesinos del estado de Oaxaca, para el ejecutamiento de limpiar de forajidos capitaneados por Elly Walach, que cotidianamente roban sus cosechas.
De esta manera Crist se convertirá en el apóstol principal para que una aureola celestial enmarque los sombreros llenos de sangre de los pistoleros redimidos, del tipo de Steve McQueen, Charles Bronson, James Coburn, Robert Vaughon, y demás gatilleros tratando de encontrar ese algo que sea el ultimo motivante de sus existencias, dentro de un filme en donde el realizador John Sturges nos mostró su más bella y vibrante filme.
Y tanto que el realizador de los Siete Samuráis, ahora vestidos de Cowboys celestiales ovacionó la versión gringa de su máxima obra, reconociendo gran parte de sus épicas acciones en el tiroteo final contra los malditos.
Dicha cinta fue estrenada en México en 1961, elevando a calidad de grandes actores a Brynner y a MaQueen, cuyas carreras fueron épicas en la historia del séptimo arte.
De esos Siete Magníficos solo retornaron dos, levantando las cruces de la redención más allá de la muerte, tal y como lo soñó el maestro Kurosawa.
Viendo esa cinta, ya no quise ser príncipe de princesas de cutis de seda, sino el octavo Magnífico-