Ricachones y pobretones

Por Tomás Setién Fernández

Nunca podrán valer los millonarios euros con los pesos y tostones de nuestra moneda mexicana, por lo cual nunca será la misma posición de la cooperación entre los jugadores europeos que se cansan de ganar cantidades millonarias, a los componentes del futbol mexicano, que en algunos de los muchos casos, sólo reciben sus precarios sueldos en rigurosos abonos, no alcanzándole ni para comer con manteca sus tres alimentos diarios.

En el futbol mexicano profesional existen los equipos hasta cierto punto ricachones y los mal llamados pobretones, estando en el primer término cuadros como el América, Monterrey, Tigres, Xolos, Pachuca, cuyos banquetes no han sido eliminados ni con el arribo a tierras aztecas del coronavirus.

Mientras que otros degustando de vez en vez siquiera hamburguesas con queso manchego, se dan sus atracones, verbi gracias de Pumas, León, Querétaro, llegando a la peor especie, equipos como el Necaxa, Puebla, Atlas y Morelia, que de vez en vez su alimentación requiere un taza contenedora de rico y espumoso chocolate acompañado siquiera de un par de piezas de pan de dulce.

Siendo lo increíble del asunto que uno de los contados equipos militantes en el circuito principal del futbol mexicano rentado, el de los Indios de Ciudad Juárez, ha mantenido contra todo tipo de pronósticos las cantidades por la cual firmaron sus diversos jugadores, a los cuales se les mantiene el salario estipulado.

Y no solo en el futbol mexicano rentado se dan ese tipo de cosas, prevaleciendo de igual modo los salarios que tienen jugadores de otras índoles como los referentes al balompié argentino, brasileño, paraguayo, etc, en donde volvemos a repetir, los euros ni siquiera le dan el saludo, a las monedas rigientes afuera del viejo continente.

Uno puede ayudar de acuerdo a sus reales carteras, no existiendo ya en el mundo, salvo Cristiano Ronaldo el hombre que ya está alcanzando la inmortalidad primero como beato y después como Santo ofreciendo millones de euros para aliviar un tanto el arribo de la enfermedad, flagelo de nuestro siglo actual.