La primera película

Tomás Setién y Natalia Setién Aguilar
Contaba mi señora madre, la divina en vida y gloria, Doña Esperanza Fernández de Setién, que mi primer llegada a un cine fue en aquel Distrito Federal, para llegar a aquel Real Cinema, que estaba convertido en la sucursal de las cintas de Walt Disney, recorriéndose el telón, para presenciar la cinta, una de las cumbres del mago de los sueños, La Cenicienta, solo recordando de una manera vaga a la harapienta dama, que por los menjurjes de una hada madrina, de esas Disney tenía una notable colección, y sobre todo el olvido de su zapatilla de cristal que culminó con una boda principesca.
La influencia de La Cenicienta con el paso de los años, me hizo buscar hasta detrás de las piedras y rocas, creyendo que el mundo totalmente rosado de los Estudios Disney era de a de veras, viajando, tomando partido por jóvenes lo suficientemente guapas, pero sin la corona de princesa adornando su cabeza.
Lo más cercano a una princesa la encontré en una moradora de aquel rancho que tenía mi señor padre por los rumbos de Villa de Guadalupe, una mujer flaca como un estaca, y que además no tenía todos los tornillos ajustados en el debido lugar de su cerebro, pero ella se sentía de la realeza, y además declamaba muy bonito.
El chispazo del amor entre María, nombre de la madre de Dios, conmigo, hizo el fuego necesario, siempre con los ojos de un infante viéndola hermosa, sobre todo cuando declamaba toda vestida de blanco, El brindis del Bohemio, no equivocándose nunca.
Nuestras citas siempre fueron al amparo de las matas de café y de los naranjales detrás de declaraciones de amor de una persona mayor con un niño, alguna vez atreviéndose a abrazarla. Para invitarla a un baile improbable de algún castillo de Disney.
Sus pómulos convertidos en hueso, como casi todo su cuerpo, que en extraña metamorfosis se transformaba en bello detrás de cada verso o cada suspiro-
La muerte de María me hizo cerrar las puertas al amor y solo procreó con ella a Margarita esta bella la mar y al travieso y genial Paquito siendo mi compadre un titipuchal de inspirados bardos, los cuales en comapañía de María los escucho más allá de la media noche.