La efímera gloria de Villaluz

Tomás Setién Fernández
El Mundo de Córdoba

Desde niño su máximo sueño fue el jugar con el equipo de Cruz Azul, hecho que logró a la muy temprana edad de los diez años, cuando se colocó el uniforme para el sacro, estando dentro de la categoría infantil de su soñado equipo.
Y así su carrera iba en franco ascenso, y tras la llegada como técnico de segunda mano para el Cruz Azul por parte Isaac Misrazi, sus días de gloria se multiplicaron, hasta convertirse en el mejor jugador cementero sobre el terreno de la acción.
Y que nos dicen cuando obtuvo aquella Copa del Mundo Sub 17 obtenida en Perú, en donde para propios y extraños se convirtió en el jugador pibote, el mejor para la obtención de esa primera Copa del Mundo ganada por los mexicanos.
Pero algo paso llegando a nuestro territorio azteca, en donde fue paseado en hombros por una afición que a gritos pedían la llegada de un ídolo, cayéndosele todo dentro de un partido disputado por los cementeros en la cancha de Toluca.
Dentro de aquel cotejo en donde abundaron los lances pecaminosos de medios escudos y de zagueros, al recibir un centro enviado por Gerardo Lugo, una entrada hasta cierto punto criminal de aquel jugador toluqueño tan duro como una roca, Juan Manuel Cruzalta, terminó golpeándole duramente su cabeza, cayendo al pasto del averno sin sentido.
Más cuando paso el peligro, César Villaluz era otro jugador, toda su genialidad y su confianza estaban ya regadas sobre el terreno de la acción, haciéndose de cuenta que Villaluz ya era un equipero apagado por aquella casi mortífera acción de CruzAlta.
Y lo que son las cosas, ambas carreras en poco tiempo se apagaron, ya del jugador del Toluca nunca se supo nada, a lo mejor atormentado por su culpa, mientras que César bajando del trono del futbol mexicano profesional, está terminando su profesión sentado en una raída silla, pero parece que por su edad aún tiene tiempo de volverse a probar una corona.