‘Si me pasa algo ya será de Dios’

Daflin García
El Mundo de Orizaba

Desde una esquina, Celia ve pasar a la gente con bolsas en mano y caminando a toda velocidad por las orillas del mercado Melchor Ocampo, mientras ella espera desde esa esquina poder vender el contenido de su canasto: plátanos criollos, traídos desde Rafael Delgado, su hogar.
“Estos plátanos no tienen químicos, salen bien buenos y están dulces, son frescos y todos los días los traigo, yo no puedo dejar de vender porque es mi sustento”, me dice la mujer de 75 años, mientras me muestra la penca que descubre de su rebozo gris.
Celia Hernández es una de las vendedoras informales que, a pesar de la contingencia por el covid-19, sale todos los días de su casa para poder ofertar sus productos o de lo contrario no habrá qué comer en su mesa.
Por su edad, dice que prefiere vender por la tarde, así que desde las 14:00 hasta las 22:00 horas, la puedes ver apostada sobre Oriente 7, entre Madero y Sur 3 con su canasto de plátanos, producto que vende en la misma zona desde que tenía 14 años.
“Yo llevo aquí toda una vida, desde que tenía 14 años vendo plátanos aquí, apenas se estaba terminando de construir el mercado y yo ya estaba aquí y hasta hoy no veo el día en que deje de venir”, me relata mientras vuelve a tapar los plátanos.
Le pregunto si sabe de la contingencia que se vive a nivel mundial, si se previene y si no le preocupa la situación, pues ella está dentro de los grupos vulnerables. Ella sólo se ríe y dice: “Sí sé del coronavirus”. Así como Celia, el 67 por ciento de los trabajadores en el estado son informales y no pueden resguardarse ante la contingencia, pues eso implicaría perder el ingreso para su familia, esto según las estadísticas del Inegi.
Celia me garantiza que mañana por la tarde estará en esta misma esquina, pues no tiene miedo y su necesidad de llevar unos cuántos pesos a la casa es más grande que cualquier pandemia.