Bonfiglio, primer gol en Mundial

Tomás Setién Fernández
El Mundo de Orizaba

Óscar Bonfiglio tuvo para dar y repartir en la actividad de la primera Copa del Mundo, allá en la República hermana de Uruguay, dentro del récord negativo de aceptar el primer tanto después del corte de listón de la magna fiesta.
Pero también el General en jefe de la milicia mexicana, escribió su nombre con moldes de oro, al detener el inicial penal, cuando aquel jugador fuera de serie, Pater Noster, solo contempló como el vuelo del militar evitaba que su meta cayera.
Es decir, pleno dolor de estómago, para después cambiarla por la sonrisa del millón de Pesos, así era Oscar, o todo o nada, también evocándolo en aquel primer partido oficial ante el Seleccionado de España en los Juegos Olímpicos de 1928, cuando la furia roja trituró su propio arco, venciendo siete goles por uno.
Pudiendo más su carrera de futbolista que aquella disciplina militar que lo hizo también ser un elemento colosal con el uniforme del ejército colocado en forma debida, ante eso pidió su baja en la milicia, para dedicarle todo el tiempo del mundo al futbol, en donde tras colgar sus garras de acero, procedió a tomar la carrera de entrenador, llegando a grandes equipos como el Marte, su cuadro más querido, el Guadalajara, terminando su gestión con el paso redoblado en la cancha por delante con los Freseros del Irapuato.
Un hombre cabal, que mientras vivió, su historia siempre estuvo remarcado por lo inesperado, y muchas veces lo sublime, el que nunca aceptó medias tintas, o todo, o nada, llevándose un todo dentro de la historia del futbol mexicano de ayer, hoy y mañana.
Teniendo su mejor recuerdo, que él fue el primer portero mexicano en una Copa del Mundo.
¡Firmes con el General!