Comentario

El juego de Pumas ante Xolos quedo solo en el recuerdo de los aficionados, viviéndose un día domingo sin el espectáculo preferido por los aficionados capitalinos, terminando por ser el Estadio México 68, la casa del equipo representativo de la UNAM, tan solo un espejismo, más o menos de esos que proyectan grandes manantiales en los desiertos, finalizando por ser parte del manto de arena.
Un domingo sin el balompié rentado mexicano en la capital parece raro, pero por la influencia del Corona Virus, se contempló como algo casual, un algo que está teniendo todos, o casi todos los balompiés en el orbe, significando el futbol de Australia, la excepción a la regla del miedo, del caos y de las preocupaciones de gran parte de la humanidad.
El tour a Ciudad Universitaria es bello en verdad, cuántas y cuántas ocasiones se vivieron domingos espectaculares dentro de los 7 títulos conseguidos por los Pumas, evocando uno en plena exclusividad, cuando el equipo dorado y azul consiguió en forma brillante una gema más sobre su corona, venciendo a plena justicia al equipo del Cruz Azul 4-1 significando ese cotejo la despedida de Hugo Sánchez Márquez que partía lleno de ilusiones al balompié ibérico luego de haber firmado el contrato con el Atlético de Madrid, iniciando el mejor momento de su carrera profesional en las canchas, bien con el Atlético, y superior con el Real Madrid en donde jamás se cansó de ser campeón goleador.
Todo lo que rodea al Estadio Puma se guarda más que en la pupila corazón y alma, los puestos en donde se vende a buenos precios los uniformes universitarios, así como también casacas, chamarras, siempre atendido por gente diligente y amable.
Y que nos dicen de los puestos de tacos de cualquier contenido y escurriendo el aceite en mitad de ellos, acompañados de una cheve para los que se portaron mal el fin de semana, o de un refresco para las gargantas libres de todo pecado.
Y dentro del Estadio la venta de todo, incluyendo esa sopa instantánea de camarones, tal vez pescados en el Lago de Texcoco, escuchando como nunca ese Goya tan motivador, que siempre nos hace recordar el origen de la porra universitaria forjada cerca de la taquilla de aquel también inolvidable Cine Goya, una sala cinematográfica que fue de primera, hasta caer cerca del descenso de los cines de la capital.
Eso y más se evoca con las alas invisibles del pensamiento teniendo un domingo sin balompié, convertido en un algo superior y bello, que nos hace olvidar lo que vivimos.