Los buenos van al cielo

Tomás Setién Fernández
El Mundo de Orizaba

Cristiano Ronaldo no fue sentenciado a muerte por el coronavirus, resultando negativo el posible ataque de la enfermedad que en estos momentos tiene sentenciada a la propia humanidad, viviendo todo el mundo la consternación y pena del fallecimiento de sus seres queridos, y la presión y el nerviosismo de estar ya en las garras del flagelo dicho hasta el cansancio.
Cristiano, un hombre siempre preocupado por el bienestar de los más pobres del planeta tierra, abriendo puentes de plata y oro, con la consecución de su cadena de hoteles en su ciudad natal de Portugal para servir como sanatorios para los tocados por el rayo fulminante que de no ser atacado al momento, aniquila vidas, es el vívido ejemplo de que Dios otorga beneficios de gloria a los que realmente se merecen seguir viviendo, no con una mueca de pena y dolor por delante, sino que tomando los cuernos de la fatal enfermedad, la atacan desde cualquier punto de vista, llevando por delante a la gente que no posee un centavo, dentro de una actitud realmente valiente, ejemplar y honesta.
Sirviendo como lección lo realizado por Ronaldo, un tipo que puede tener todos los pecados de mundo, con la vanidad por delante, pero consciente de que para vencer hasta lo imposible, hay que colocar dinero, esfuerzo supremo y un corazón, así de grande, para volver rutinario lo que parece ser una de las peores batallas de la humanidad en toda su historia.
De existir siquiera tres Ronaldos más, ya la batalla se hubiera ganado y por mucho.