Quédate en casa

Hands writing on old typewriter over wooden table background

*Luis Pérez Lezama

En un día cualquiera llegar al trabajo representa toda una aventura para cualquier mexicano, algunos duermen poco y llegan tarde, otros duermen mucho y tienen mucha suerte en llegar a tiempo pero eso no los exenta de tener que librar diversos obstáculos que van, desde despertar a los hijos, bañarlos y peinarlos porque no hay figura paterna que apoye o el tráfico que cada día crece más en la ciudad, tal vez el debate entre desayunar y llegar tarde o hacer lunch y llegar a tiempo, el clima juega también un papel fundamental porque una cosa es irse a trabajar y otra salir de trabajar y “ver que ya empezó a llover”, eso sin contar las peripecias que uno tiene que vivir en el transporte público, en la combi, en el micro, en el bus o si eres ciclista, pues ahí la aventura se multiplica.
Quizá por eso hoy mientras observaba por la ventana del autobús la carretera, en mi camino al trabajo me pregunté ¿Por qué hacemos todo esto? ¿A dónde vamos tan aprisa? ¿Cuál es el propósito? Y rápidamente descubrí que es obvio, producir… ser parte de una cadena productiva, asumir nuestro rol protagónico en la empresa para la que laboramos, tal vez a la mitad o tal vez al final de dicha cadena, pero siempre dentro de ella, con la importancia de saber que somos vitales para que esta rueda avance. Si te toca ser empresario o gobernante seguramente entiendes que estás en la parte de adelante de la cadena, cosa que puede ser agradable estéticamente pero que tiene sus desventajas, aunque seas líder necesitas al resto de los eslabones para que las cosas funcionen. Si eres empresario sufrirás porque no puedes renunciar como lo hacen los demás y si eres gobernante la rendición de cuentas te recordará que tu lugar al frente de la cadena, es efímera.
¡Que importante es ser productivo! Sin duda alguna y lo es todo porque de ello depende nuestra calidad de vida y aquello que es importante para nosotros nos hace vulnerables ¿Cierto? Y ni pensar en que algo atente contra nuestra calidad de vida, contra nuestra tranquilidad, contra nuestro patrimonio, contra nuestra “vida normal” ¿Verdad? Pues bien, después de 11 semas de dormir poco (como usted), de estar pegado al monitor gran parte del día, de trabajar y combinar mi profesión con mi pasión hoy, siendo las 7:00 hrs de este día voy sentando en este autobús que prácticamente viene vacío, la gente no va a trabajar, la gente no va aprisa, simplemente no hay gente, a pesar de que es una hora pico. Normalmente debería venir no lleno, sino lo que le sigue de lleno y por esta ocasión venimos a bordo sólo 3 personas. El chofer que canta a todo pulmón “Como una novela” de “Los Acosta”, una dama sentada hasta adelante con un cubrebocas puesto y su servidor, quien normalmente pelea como guerrero por un asiento y que hoy viaja en primera clase.
¿Será que la gente ha entendido lo que ocurre? ¿Será que de pronto estamos abriendo los ojos? Sonrío y enciendo la esperanza de que las personas de pronto han comprendido que sin la vida no somos nada y que sin la vida no hay sueños que perseguir, ni riquezas que acumular, ni razón para seguir adelante sin embargo la realidad es que los seres humanos reaccionamos con lentitud ante cualquier eventualidad que nos ponga en peligro, quizá porque estamos demasiado ocupados intentando construir la vida y olvidamos vivir. Y es que esta pandemia del Coronavirus está teniendo efectos sobre nosotros inclusive antes de que el virus nos infecte; a algunos nos ha asaltado desde 10 semanas y llevamos tiempo analizando datos, preparando la situación y nos corresponde informar a la población de las conclusiones que vemos, a otros la información los hace reaccionar despacio mientras que a la mayoría le caerá de “rebote” el cierre de negocios, la pérdida de empleos, el colapso de los mercados, la disminución de las ventas y tardarán en entender el concepto de recesión sin saber que ya lo están viviendo.
Mientras llego a mi destino confirmo que a pesar de que existe gente que ya se está quedando en casa, el grupo de aquellos que aún no entienden lo que está pasando camina por la banqueta tocándose la cara, avanza con desgano, estornuda y atiende al público sin el menor cuidado y entonces me doy cuenta que aún falta mucho para que la gente se desprenda de los propósitos de su vida y se de cuenta que en este momento lo realmente relevante no es vivir sino sobrevivir. ¿Sabe? A lo largo de estas 11 semanas he platicado con mucha gente, tanto en redes como en persona, inclusive con mis empleadores y amigos, algunos entendieron lo que les trataba de explicar, otros -como es costumbre- se dejaron llevar por ese bloqueo mental (que les dice no le hagas caso) y minimizaron la situación; hoy, todos están cayendo como manzanas en la misma canasta: La del miedo, y está bien, pero entre más tardemos en entender, el riesgo será mayor. En términos simples no hemos porque la vida este en riesgo, no comprendemos como funciona este virus que ya nos está matando un poco. Este virus querido lector es un ente muerto; tú no te infectas de covid-19 más bien “alguien” te hace el favor de infectarte, por lo tanto, nunca había sido tan fácil salvarnos… simplemente tenemos que quedarnos quietos, parar, desprendernos de eso que te despierta en las noches para obligarte en la mañana a seguir adelante.
Es tiempo de parar, es tiempo de dejar de subordinarnos a la cadena de la que te escribí líneas arriba; es tiempo de soltar la cadena y de afirmar frente al espejo “si yo me cuido, cuido a los demás, sólo tengo que parar”. Yo ya me detuve para que tu vivas y quiero pedirte que te detengas porque si tu paras yo sobrevivo, si los demás paran, todos sobrevivimos. Hoy quiero decirte querido humano que necesitamos parar porque quiero seguir abrazando a quienes amo (igual que tu), porque quiero seguir disfrutando el paisaje desde mi habitación, porque quiero seguir luchando por mis sueños (igual que tú), porque quiero envejecer y ver a los míos crecer (igual que tú), porque quiero estar -igual que tú- presente en los momentos más importantes de mi vida futura, porque quiero ver con mis propios ojos el cambio verdadero de este país, pero todo eso no puede suceder si tu no te quedas en casa, así que por favor, quédate en casa, quédate en casa ahora que estas sano.

*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista.
Twitter: @SAVERThinkLab

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