Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5,17-19:

Germán Alpuche

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a a abolir la ley y los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.
Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.

Palabra del Señor

La fe de Israel estaba basada en las intervenciones históricas de Yahveh, plasmadas en los textos de las Sagradas Escrituras. A través de su historia el pueblo había descubierto a Dios actuando y salvando, en las Sagradas Escrituras está escrita la voluntad de Dios, sus palabras, sus intervenciones históricas. Cada vez que Israel proclama la Palabra de Dios, hace presente al mismo Dios, salvando nuevamente.
La Biblia es el punto de referencia de Israel, la cual dividía en los libros de la ley (los cinco primeros libros) y los profetas (el resto de textos del Antiguo Testamento), en ella se plasmaba el corazón de la fe. El centro de la fe estaba concretizado en el Shemá: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas”.
Esto es lo que Jesús viene a llevar a cumplimiento, el será este Shemá presente en las Escrituras, el nos mostrará cómo se ama a Dios con todo el ser. La fe no son normas y preceptos vacíos, no son doctrinas, es la expresión de entrega Dios por sobre todas las cosas y personas. No puedes poner nada por encima de Dios, si algo te aparta de él eso mismo terminará por destruirte.
La felicidad de los hombres está en amar a Dios y su voluntad por sobre todas las cosas, puesto que el corazón del hombre sólo en Dios alcanza su plenitud. Jesús nos mostrará que a Dios hay que amarlo hasta el extremo de dar la vida física por el, como lo ha hecho en la Cruz llevando el cumplimiento del amor a la voluntad del Padre hasta el extremo.

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