“¿Cómo andamos de calzones?”

Hands writing on old typewriter over wooden table background

Luis Pérez Lezama

La cosa fue así: El domingo 8 de marzo pasadas las 4 de la tarde terminé de comer con la familia totalmente desconectado de las redes, sin conexión con el mercado, tomando un poco de respiro sin ver indicadores, pues en nuestra profesión además de la lectura que lleva a la reflexión no hay nada más secuestrador del pensamiento que toparse con una gráfica que puede arrebatarte media tarde de análisis y proyecciones. Pues bien, con esa sana intención transcurría mi apacible domingo cuando de manera singular una luz roja parpadeaba en mi móvil… era una notificación del índice bursátil Nikkei que llevaba hora y media aperturado en Tokio y ya caía 8%. -Sostuve mi celular con fuerza como deseando con toda mi energía que al momento de revisar la gráfica existiera una explicación serena; abrí la gráfica del indicador, escupí el café y me levanté de la mesa; no había nada que decir, era una caída libre, se habían roto los soportes y cuando un indicador de bolsa rompe sus propios estándares de desempeño es igual al momento en el que usted desabotona el vestido de la mujer que ama… cualquier cosa puede pasar después.
Cayó Tokio, la gráfica formaba una línea descendente, como una “garra”, me disculpe con los invitados y encendí los monitores sólo para constatar el desplome del peso mexicano que en cuestión de minutos había pasado de $19.70 a $20.16, el silencio se apoderó de mí y el resto de la tarde fue de revisar escenarios hasta que a las 5 de la mañana todo quedó claro: el USD-MXN había alcanzado su nivel más alto $22.17 (interbancario).
¿Cuál era la razón? El egoísmo ruso y saudí, que sin acordar una tregua en la producción de barriles de petróleo había “tirado” la reunión que había convocado la OPEP para justamente empatar, el descenso de la demanda agregada por los efectos de la desaceleración mundial sumada a la menor expectativa de crecimiento a causa del coronavirus, con un “cierre de llave” para que una menor cantidad de barriles de crudo ocasionarán -en teoría- un precio más acorde al mercado, un plan solidario con los productores de petróleo sin duda. Pero no, ese rompimiento entre rusos y saudís fue la “gota que derramo el vaso” y tras el anuncio oficial, los precios del petróleo -que ya venían observando una tendencia “bajista” suave desde el 19 de enero perdiendo más de 20 dólares en el acumulado durante siete semanas- rompieron el mercado pasando de 65 a 35 dólares (i.e. Brent) en cuestión de minutos.
Esa noche de domingo nos fuimos a dormir con una pérdida de casi 6% en el indicador líder de Japón, con los precios de petróleo colapsados, con el dólar por las nubes y el peso mexicano en la lona, con sabor a azufre, con las pantallas teñidas de rojo y con una preocupación mayúscula: A las 9:30 hrs. (hora local) abría Wall Street, esto es a las 07:30 hrs. Tiempo de México ¡Madre mía, lo que se venía¡ Y así fue… puntual se escuchó la campana de apertura del mercado bursátil más importante del mundo, nada más y nada menos que el 40.51% de los capitales accionarios mundiales equivalentes a casi 25 billones de dólares entre el Dow Jones y el NASDAQ concentrados en estos dos principales indicadores accionarios… el silencio volvió al piso de remates y en fracción de segundos el Dow Jones se había desplomado 9% la riqueza, el valor de las 6,000 empresas más importantes del mundo poniendo en evidencia que los precios de mercado de la fuerza laboral, de la productividad mundial estaban siendo corregidos, se activó el “apagado de emergencia” en Nueva York y entró en acción el “limit down” que corta los circuitos de las pizarras y las desconecta por 15 minutos invocando al análisis y a la reflexión. Era inevitable sentir nerviosismo, habíamos vuelto a 2008, a 1987 y lo peor estaba por venir.
El miedo inundo al resto de las bolsas en el mundo, América Latina cayó al tiempo que el número de casos infectados en Italia subían a 17,000 y Estados Unidos cruzaba los 1,000 mientras increíblemente México reportaba una docena de casos y un mensaje de mucho ánimo como quien esta delante del incendio y aprovecha para asar una salchicha, el golpe fue brutal y las líneas de la gráfica volvieron a presentar la figura de una “garra” presagiando lo que estaba por llegar…
24 horas después, el Presidente Trump declaraba bloqueado cerrado el espacio aéreo comercial a los vuelos con Europa (exceptuando Reino Unido) y eventualmente la posibilidad de expandir fiscalmente su estrategia gubernamental -de emergencia- pero no habíamos digerido esto cuando la Organización Mundial de la Salud anunció que el COVID19 era declarado pandemia a nivel global, motivando a los mercados nuevamente a pronunciar su caída hasta consolidar lo que llamamos “Bear Market” donde la efigie del oso hace referencia a esa “garra” que se dibuja en las gráficas representando el daño mortal que inflige a los mercados. El Dow Jones cayó 14% en total y fue necesario por segunda vez en la semana apagar el sistema de transacciones haciendo del silencio de esos 15 minutos la coronación de la primera crisis financiera internacional del siglo. El petróleo se fue al carajo, tocamos los 32 dólares y volvimos en el tiempo hasta el año 2004; la mezcla mexicana vale hoy día un poco más de $25 rompiendo el futuro de la “4ª. Transformación” que ha reconocido que pecó de soberbia y que el “intento” de centralización codependiente petrolera es un fracaso. El dólar voló hasta su nivel más alto tocando los $21.93 rompiendo sus propios soportes y el mercado ha “puesto de rodillas” a México cuando apenas se van a hacer públicos los datos reales del brote del virus que ya se expande por todo el país, exhibiendo la fragilidad de un gobierno ocurrente, idiosincrático e indeciso que lo mismo habla del “maldito neoliberalismo” que declara “Que el mercado se regula solo” pero no nos ha dicho si tiene los suficientes calzones para hacerle frente a esta coyuntura.
Es un momento delicado en la historia de nuestro país y por eso, voy a citar a Churchill mientras me vuelvo a servir ese café que no me termine: “Esto no es el final, ni siquiera es el principio del final, si acaso… será el final del principio”.
*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab

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