Maldito cortoplacismo

Hands writing on old typewriter over wooden table background

El dinero no existe
Luis Pérez Lezama

Recuerdo bien aquella mañana cuando siendo un niño, caminaba de la mano de mi padre entre los pasillos del mercado haciendo algunas compras cuando por casualidad frente al viejo expendio de barbacoa, observé un escritorio de metal que tenía una leyenda que rezaba: “Si amas algo, déjalo libre, si vuelve es tuyo; si no regresa, jamás lo fue”. Inquieto, después de leerla, con el ceño fruncido pregunté a mi padre sobre el sentido de esa absurda frase, él me hizo entender el concepto de la pérdida emocional, pero jamás descubrió que lo que yo sentía no era tristeza sino enojo ¿Cómo demonios podía existir tal nivel de abandono personal como para asumir el destino como algo imposible de moldear?
Le platico esto, porque desde aquella época acuñe un concepto individualista del futuro y cuando me toco aprender los canones financieros, el corto plazo me pareció francamente una trampa demasiado riesgosa de asumir por lo que me sedujo en mucho mayor medida la planeación dedicada y harto compleja del largo plazo; tanto su inexactitud como su inferencia me resultaron fascinantemente libertarias, tan personales y tan fantásticas como la libertad misma, pensar en el futuro para mi es tan apremiante como indispensable.
Sin embargo, este pensamiento no está generalizado entre los seres humanos, es curioso descubrir que generalmente nos ocupamos del corto plazo y no está en nuestra mente planificar el camino largo; esta condición se puede observar directamente en la dinámica social de los individuos ya que como es de todos conocido, siempre será más cómodo pensar en el “hoy”, que en el mañana. Actualmente en escenarios económicos, es decir de conducta social, México no es la excepción sino más bien la punta de lanza de este fallo en el pensamiento latinoamericano y aunque antaño se pensaba que la falta de visión de largo plazo estaba condicionada a un menor nivel de ingreso familiar y por consiguiente a un menor acervo cultural, se ha demostrado a lo largo de los distintos estadios sociales que el pensamiento cortoplacista existe aún en estratos sociales y económicos del más alto nivel.
Bajo este tenor es menester preguntarnos con seriedad ¿Es el cortoplacismo una ventaja o una desventaja social? Para responder partamos del concepto: El cortoplacismo, es esa falsa sensación de llenado que produce una bebida gaseosa, ese motor que le motiva a usted a ser feliz, motivado, a mantenerse optimista, a ver siempre el vaso medio lleno y a no comprometerse. Es la filosofía del “Hakuna Matata” expresión Swahili del Este de África que traduce “Sin preocupaciones”. En nuestro país es representada fielmente por aquel adagio que dice: “Cuando te toque, aunque te quites y cuando no te toca, aunque te pongas”. Personalmente, prefiero conceptualizar esta idea como una visión localista del “Destino manifiesto” que nos motiva a ser completamente holgazanes ante la construcción del futuro. Sé que usted pensará que no tiene nada de malo ser “cortoplacista” porque así se vive feliz y yo le diré que la ignorancia es un camino con un paisaje bellísimo que nos lleva directamente a la muerte. Una desventaja.
¿Por qué? Porque el cortoplacismo querido lector es la tumba del futuro. Observe usted como la dinámica social actual motiva a la mayoría de los individuos -en México- a viajar por su propia vida con el respaldo de un pasaporte, un certificado, una garantía de despreocupación, es por eso quizá que el mexicano (parafraseando a Octavio Paz en “El Laberinto de la soledad”) ocupa con frecuencia una frase recurrente cuando tiene que tomar una decisión clave, y esa frase es “Pues chingue su madre, a ver qué pasa”. Frase que “tira por la borda” toda posibilidad de autodeterminación del futuro. ¿Es miedo o valentía?
Adicionalmente debo decirle que hay otro grupo de individuos con un alto grado de indecisión que prefieren dejarle el futuro, el largo plazo a la voluntad divina de un ser superior y ante los riesgos que representa tomar una decisión trascendente prefieren depositar en la fe, la posibilidad de que “sin merecerlo” sea ese Dios quien nos conceda un futuro promisorio rezando en voz alta: “Que sea lo que Dios quiera” como si el reconocer que algo no está en nuestras manos fuera una gran estrategia de disuasión negativa para obtener un resultado positivo. Esto, es peor que lo anterior ¿Dios decide mejor que usted?
El cortoplacismo es desde mi óptica, no solo desventajoso sino veneno puro para la construcción del destino propio de una sociedad, por eso es indispensable aplicar este diagnóstico a nuestra realidad nacional si realmente deseamos transitar hacia un verdadero cambio y no convertirnos en un país que vive hoy y muere mañana. México transita hoy más que nunca por un escenario político-económico donde lo importante es el presente, la vigorización del poder ejecutivo, la fortaleza del personalísimo mandato del poseedor de la banda presidencial, el control ideológico de las masas para mantener el poder; una constante ausencia de visión de largo plazo nos identifica y nos hará chocar en el futuro cabeza con cabeza en medio de una confrontación estéril sin rumbo y sin destino. México posee hoy más que nunca, ausencia de decisiones estratégicas para diseñar el futuro, vivimos un presente paupérrimo donde un “show mañanero” se ha convertido en el teatro diario desde donde se tejen: La caída de las instituciones del estado, la abyección de la democracia, la inestabilidad social alimentada por los feminicidios, las marchas estudiantiles, el hartazgo domiciliario de la inseguridad, la construcción de un falso bienestar amenazado por una recesión que sigue obligándonos a reflexionar sobre el largo plazo sin éxito y a esto, se suma (en pésimo momento) la llegada de una epidemia de escala mundial llamada “Coronavirus” que pondrá en evidencia este cortoplacismo nacional ante la débil infraestructura financiera para enfrentar sus retos, la escasez de medicinas, la ausencia de confianza y sobre todo sacudirá ese liderazgo ausente de visión de largo plazo, un liderazgo que representa a la mayoría de los mexicanos, que coincide con el perfil nacional del pueblo pero que no tiene visión de futuro. El tiempo se agota y hoy es el mañana que tanto temíamos ayer.
*El autor es director de análisis y docencia económica en SAVER ThinkLab. Es académico y conferencista. Twitter: @SAVERThinkLab

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