Se hizo de noche a mediodía

El día amaneció brillante y claro. Había una inusual calma y tranquilidad. El tiempo discurría lentamente. Era un sábado especial. Se palpaba la tensión, impaciencia y curiosidad de los cordobeses.
Conforme avanzaba la mañana, la gente se apresuró a buscar cámaras, lentes, vidrios ahumados, vidrios de soldador, viseras improvisadas con cajas de cartón, películas veladas, recipientes de agua, en fin, todo lo que en esa época se consideraba adecuado para observar el fenómeno celeste que ocurriría poco después.
Son poco más de las diez de la mañana y ha empezado el eclipse. Este, el del siete de marzo de 1970, será el tercer eclipse total de sol del siglo XX que se contempla en el país. El primero fue en 1900 y el segundo en 1923. El mismo día siete de marzo, de 1951, los mexicanos disfrutamos de uno parcial, visible en todos los rincones de México.
A las 11.32 minutos, las actividades en Córdoba quedan semiparalizadas; miles frente a sus televisores, en las calles o refugiados en sus casas, contemplaban el “fenómeno del siglo”: el eclipse total de sol.
La magnitud del eclipse en la región, según los especialistas, alcanzó más del 90 por ciento.
La poca luz que se puede ver es como el reflejo de la luna en la noche, aunque más intensa; colosales llamas parecen salir del sol.
Cuando el eclipse llegó a su punto culminante para la región, una penumbra extraña envolvió la ciudad y sus alrededores. La luz que dejaban filtrar las nubes causaba extraños resplandores; éstas, que cubrían al astro rey, por momentos aumentaban las sombras.
Los animales con su extraño sexto sentido, se inquietaron. Los perros ladraron, los gallos cantaron. Ante la penumbra, que daba la impresión de ser una hora bastante avanzada de la tarde, los animales volvían a sus corrales y establos creyendo que el día terminaba.
Las calles de la ciudad quedaron semi vacías de tráfico automovilístico. En las aceras, balcones y azoteas de las casas, miles contemplaban el espectáculo. Habíamos sido testigos de una puesta de sol a mediodía.
Aunque pareciera haber transcurrido mucho tiempo, el momento de mayor magnitud del eclipse duró apenas tres minutos y 28 segundos.
Cuando el sol fue liberado de la sombra lunar, sus cálidos rayos se sienten sobre la tierra. La noche ha sido muy breve y todo vuelve a la vida una vez más. El fenómeno que se ha presenciado, ha sido verdaderamente extraordinario y su belleza y magnitud son difíciles de describir con palabras.