De calaveras y apuñalados

Anécdota

Leticia Tarragó
Artista Visual

Conocí diario El Mundo a través de su fundador, el doctor Othón Arróniz, con quien mi marido y yo trabamos amistad en su paso por la Universidad Veracruzana, como director de la Facultad de Filosofía y Letras. En 1965 fui invitada por él para dibujar la sección de calaveras de El Mundo. Después perdimos contacto cuando él se mudó a Córdoba.

Posteriormente mi amiga Clementina me invitó a colaborar otra vez con mis calaveras en esa sección que ya es una tradición en los días de muertos.

Me halaga mucho colaborar con las calaveras porque en un sitio como un periódico para mí es una difusión de mi trabajo como artista y la ‘calaca’ siempre ha sido uno de mis elementos favoritos en mi obra temprana, tal vez porque admiraba al grabador Posada.

El doctor Arróniz le pidió a nuestro amigo Luis Mario Schnaider que fuéramos, él como escritor y yo como dibujante para hacer las calaveras, y ese mismo día nos fuimos Fernando, Luis Mario y yo de Xalapa a Córdoba.

Se hizo de noche y ellos querían ir al baño y entramos a Huatusco a la terminal del ADO, pero estaba cerrado, y ya de salida vimos una cantina y ellos se bajaron, yo llevaba en brazos a Lety, mi primera hija que tenía seis meses, y estaba dentro del coche.

Ellos entraron corriendo y a los pocos minutos se abrieron las puertas de la cantina y salió un hombre dando traspiés con un cuchillo clavado en la espalda y cayó boca abajo en la acera. Detrás de él salieron Fernando y Luis Mario corriendo hacia el coche y a continuación los parroquianos.

Nos fuimos a toda velocidad. Ya en el camino me contaron que estando en el baño comenzó una pelea, y justo cuando salieron pasó lo del cuchillo y por eso ellos optaron por salir corriendo.

Lo siento si mi anécdota es un poco siniestra, pero tiene su humor negro. Llegamos a Córdoba y nos alojamos en la Posada Trini (no sé si exista todavía), y de ahí ellos se fueron al periódico y yo acosté a mi bebé y me puse a dibujar calaveras.

Fernando venía y se llevaba las que había dibujado, y luego regresaba por más, y así hasta la una de la mañana.

Luis Mario se paraba en la entrada de El Mundo y en voz alta decía: mientras usted duerme, ¡El Mundo trabaja para usted! (era Genial Schnaider) Colaboré en tres años diferentes con las Calaveras. En la última hice una especie de árbol de la vida (era algo sobre la explosión demográfica).