La primera editorial

Tiene usted en sus manos el primer número de “EL MUNDO”, el diario veracruzano que nace modestamente y sin ruido como hemos querido que aparezca. Toda verdadera obra que se quiere grande nace así. Estos son los cimientos del diario que nuestra región merece y necesita.
Sin falsa modestia, veremos que su aparición será un acontecimiento, sobre todo en el aspecto cultural, queremos que este diario sea diferente de los ensayos que nuestra región ha visto proliferar y morir, algunos por razones económicas, otros por el justo castigo que la opinión pública ha inflingido a quienes ignoran lo que es el periodismo.
El falso periodista parte de una concepción pesimista del mundo. Sin darse cuenta completamente, empieza por menospreciar a su público y se dirige a sus lectores ofreciéndoles el “pan y el circo” de la antigua Roma. La noticia roja, el detalle macabro hacen las veces de la pitanza que los emperadores ofrecían a la multitud.
Se trata de contentar a los más bajos instintos del hombre. El periodismo se convierte así en el instrumento más eficaz para embrutecer al pueblo.
¿Es periodismo esa venta presurosa de una mercancía fácilmente adquirida en corrillos y puesto de policía de la que hay que deshacerse rápidamente porque está en vías de descomposición?
Nosotros vamos a partir de un punto de vista diferente. Creemos que el hombre, cualquier hombre, tiene una dignidad que el periodista tiene el deber de respetar. El periódico es un instrumento para poner en relación lo más valioso de la naturaleza del hombre y no lo más bajo que hay en él. La noticia, en vez de despertar una curiosidad malsana tiene un propósito más elevado. Hacer saber lo que otros no saben. El periodismo es pues, debe ser, un vehículo para extender la cultura.
¿Que esto es un sueño idealista?…
La respuesta está en manos de usted, amigo lector.