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A Manera de Comentario
Tomás Setién Fernández

De vivir aquel espléndido periodista, el mejor, redactando el futbol mexicano tan lleno de pecados mortales y uno que otro venial, Manuel Seyde, que fuese el hombre de hierro en la sección deportiva de Diario Excelsior, por mucho tiempo el mejor de nuestra nación, ya hubiese demandado al propio gobierno de nuestro estado, por haberse apropiado de aquel apodo o mote de guerra, que el nacido en Paso del Macho, Veracruz, aplico al equipo de Veracruz, colocando por delante desde los años cincuentas, aquello de Los Tiburones Rojos.
Hombre de gran visión para elaborar aquella columna inolvidable que aparecía todos los días, titulada Temas del Día, en donde jalando parejo como si fuese el máximo sacerdote del balompié organizado mexicano, mostraba los graves defectos que ya comenzaban a verse, dentro de los movimientos realizados por tipos que no sabían realmente si el balón era redondo o cuadrado.
Llevando por delante el máximo piropo de guerra para el once veracruzano, que en aquellos tiempos era uno de los mejores equipos con los cuales contaba el propio futbol mexicano profesional, brotándole de su intelecto aquel rayo de luz que terminó por bautizar al once porteño, como el de Los Tiburones Rojos del Veracruz.
No negando Seyde su apego y gusto, por contemplar jugar en sus años de oro al cuadro del Veracruz, siendo ese apodo colocado, uno de los pocos momentos felices que tuvo el extraordinario periodista en torno al infierno del propio balompié rentado azteca.
Evocando a la vez aquel único libro que editó Manuel, titulado La feria del alarido, con motivo de la copa del mundo de 1970 realizada en México, una edición que tienen que tener dentro de su biblioteca los verdaderos sabios aficionados del fútbol mexicano,, con diversos pecados y contadas virtudes.
No sabiendo si Seyde registró de una manera legal aquel apodo inmortal al equipos del Veracruz, o solo fue una chispa de genialidad, como le brotaban todos los días, tardes y noches a tan extraordinario periodista.
Gobierno del Estado nada tiene que ver con el mote de guerra de los porteños, mientras que Manuel Seyde fue el padrino oficial de los propios Tiburones Rojos, con su bote de pintura escarlata a plena orilla de la mar.

 

 

 

 

 

 

 

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