Rey en el exilio

Tomás Setién Fernández

La peor crisis mental del rey Pelé la esta viviendo el máximo personaje del futbol universal, hoy, mañana y siempre, atado con algo más que con cadenas en todo su cuerpo y sobre todo mente, desde aquella operación quirúrgica de la cadera que lo confino a sus 86 años debidamente confesados, a una silla de ruedas, negándose sistemáticamente Edson Arantes do Nascimento a tomar el rumbo de la calle, y a continuar platicando con sus millones de amigos de su deporte predilecto, el futbol soccer, que lo hizo ser eternamente monarca.
Eso implica que todo el mundo en un momento determinado, es invadido por la depresión, no salvándose de ese castigo mental, ni los mas encumbrados jugadores, y menos la gente sencilla, común y corriente, por lo cual Pelé ya ingreso a ese nada selecto club, habiendo deseado poseer una eterna juventud y una clara y diáfana manifestación de fuerza física, y sobre todo mental.
Pele esta teniendo uno de sus peores encuentros, sin que medie para nada un balón, pero si la historia casi sacra del que ha sido, y seguirá siendo el mejor jugador del mundo, hasta que el planeta se llene de agua o explote sin un previo aviso, siempre tuvo una resolución feliz a cualquier problema, aunque el actual cala.
Los reyes en cualquier parte del globo terráqueo, tienen la plena disposición de mirarse todos los días en el espejo, con los fulgores de la juventud perdida y extraviada para siempre, el contemplarse como seres enfermos y recurrentes en avanzar por calles y avenidas, ayudados por una silla de ruedas. para nada los hace enteramente felices.
Edson debe de establecer de inmediato la meditación de que hay días buenos, malos y peores para vivirlos intensamente, con la mejor de todas las inteligencias, solo de esa manera Arantes volverá a contemplar el que parecía eterno arco iris de su vida, para volver a instrumentar la mejor de todas sus sonrisas. A recordar que no hay mal que dure cien años.
La receta es gratis.
Ya en varios aspectos de su carrera profesional en las canchas, se procedió a levantarse de la lona antes de escuchar los diez segundos, de un fatal destino.

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