El mito de la influenza porcina, a propósito de la llegada del Coronavirus

Hands writing on old typewriter over wooden table background

*Ramón Rocha Manilla

“El padre de la enfermedad es cualquiera, pero la madre siempre será una mala alimentación”.
Proverbio Chino

Hace poco más de 10 años llegó a México la novedad epidemiológica de la globalización viral. A fines de abril de 2009, precisamente en la semana 16, se asomaba en los medios informativos, sobre todo el televisivo mexicano la aparición de una variedad viral la cual fue inicialmente denominada “Fiebre Porcina” por asumir que fue una enfermedad originada por los marranos.
Las cosas en comunicación hace más de 10 años no eran como ahora: sin masivos smartphone, con redes sociales de bajo impacto, la información se basó básicamente a los medios hegemónicos nacionales como Televisa y Teve Azteca.
En el caso de los servicios de salud, recibíamos información oficial a través de los órganos epidemiológicos controlados por la Secretaría de Salud, en ese entonces a cargo del cuestionado médico José Ángel Córdoba Villalobos, quien la administró de 2006 a 2011.
A Córdoba Villalobos lo conocí en 2006, poco antes de terminar su periodo legislativo. No lo consideré brillante como médico o legislador, quizá por su forma de expresarse. Poco después, a sus 53 años asume la Secretaría de Salud y durante esos 5 años logra acumular todos los artículos científicos, premios y doctorados honoris causa de su biografía, cosa que jamás volvió a acumular al terminar su periodo administrativo político; ¿cómo pudo escribir tanto artículo científico en el periodo laboral más demandante como el ser Secretario de Salud?. En sus artículos científicos figura como segundo autor en temas asociados a nutrición infantil (tema de su propio interés, sin logros en la salud) y sobre influenza AH1N1. No se encuentran más aportaciones científicas del especialista en gastroenterología y ex director de la Facultad de Medicina de la Universidad de Guanajuato, de la cual fue alumno brillante a inicios de los años setentas.
Esa semana 16 de 2009 terminaba en viernes 24, cuando, desempeñándome como Jefe de Enseñanza del hospital ISSSTE Orizaba nos oficializaron en alerta roja lo que los medios sembraron durante varios días: era una emergencia epidemiológica la Influenza AH1N1. Como médicos imaginamos cuadros terribles como los narrados en las lecturas de “Historia de la Medicina”, que tanto Manuel Barquín o Enrique Cárdenas podrían narrar en sus libros con la peste o la viruela. Así pensamos muchos que la influenza provocaría cuadros similares de masivas muertes por causas respiratorias, pero no fue así. El actuar del gobierno de Felipe Calderón fue desproporcional, más que alerta fue alarma epidemiológica, lejana a la realidad. Quizá por mala asesoría o quizá por sobornos de farmaceúticas, como reflexionaría poco tiempo después el epidemiólogo alemán Wolfgang Wodarg quien fuera presidente de la Comisión de Salud del Consejo de Europa y sospecharía que la Organización Mundial de la Salud (OMS) indujo a la población internacional a un pánico injustificado.
Mientras en el sector salud, alrededor de la jurisdicción 7 de Orizaba y los protocolos nacionales nos hacían dar muchas vueltas para evitar una “alta mortalidad”; los antivirales como el Oseltamivir (de la industria Roche) se hacían altamente demandables (y caros en el mercado). El famoso “Tamiflú” era muy esperado en todos los hospitales. El sector salud nos informaba que Roche estaba haciendo una producción especial para México y que pronto llegaría. Y así lo fue, para el mes de junio teníamos toneladas de este antiviral. En una reunión hospitalaria para darlo a conocer nos circularon una caja recién desempacada y cosa curiosa fue notar que su fecha de caducidad se marcaba para noviembre de ese mismo año, esto estaría muy relacionado a lo descrito en el documental argentino “Operación Pandemia” de Julián Alterini @shoolian, en el cual indica que el Oseltamivir producido para mitigar la anterior “Fiebre aviar” no había sido vendido, y solo necesitaban un pretexto para mercantilizar su casi caduco producto.
En ese mes nos llegaron las cajas para hacer la “prueba rápida” a todo caso sospechoso. Pero en realidad los casos sospechosos eran pocos, así que la instrucción cambio para hacer la prueba rápida a todo caso de infección ventilatoria, y así es como se lograron terminar, y al acabarse nos avisaron que ya no habría más pruebas rápidas, pero que no nos preocupáramos…
Mientras Fidel Herrera jugaba “la broma” de haber curado con “ampicilina y paracetamol” a un niño veracruzano, CONACYT anunciaba un fondo especial para investigación en ese tema. Al coincidir las primeras referencias de que la epidemia se daba posiblemente por una susceptibilidad del virus con la población mexicana, propusimos hacer un análisis genético HLA (que sirven para saber la similitud genética entre personas), sin embargo a través de la dirección de investigación del ISSSTE a nivel central, nos dijeron que no procedía porque nadie podía tener acceso a algún paciente, ni enfermo ni curado.
Al final hicimos nuestro propio estudio de una correlación epidemiológica entre sí y con la influencia de las televisoras, y encontramos que la demanda de consulta aumentó en 600% por que la gente estaba temerosa de que sus gripas ordinarias este año fueran por la “fiebre porcina”. No detectamos casos y menos mortalidad, solo el aumento de estafilococo dorado, que es una bacteria con una evolución muy resistente a muchos antibióticos.
Iniciando la segunda mitad del año 2009 llegaron las esperadas vacunas y fue obligación vacunarnos. Esa ocasión hicimos una sesión clínica con los médicos internos de pregrado para revisar bibliografía y tras la discusión consideramos que no era conveniente vacunarnos, como apuntó poco tiempo después el Consejo de Salud de la Comisión de Europa al decir sobre la vacunación: que son vacunas recién patentadas y sin suficientes pruebas para dar garantía. Además de los posibles riesgos de complicación como el síndrome de Guillain-Barré. Así, nueve meses después llegaron al departamento de epidemiología del ISSSTE Orizaba una decena de nuevos casos, de los cuales la mayoría habían sido vacunados.
Esperemos ahora el nuevo fenómeno coranovirus, quizá ahora sí vaya en serio.

*Diputado suplente XX Distrito, e investigador del Colegio Mexicano de Sociología.

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