Lectura del santo Evangelio según San Marcos 6:53-56

Germán Alpuche

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago y tocaron tierra en Genesaret.
Apenas bajaron de la barca, la gente los reconoció y de toda aquella región acudían a él, a cualquier parte donde sabían que se encontraba, y le llevaban en camillas a los enfermos.
A dondequiera que llegaban, en los poblados, ciudades o caseríos, la gente le ponía a sus enfermos en la calle y le rogaba que por lo menos los dejara tocar la punta de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban curados.
Palabra del Señor.

Cuantos hombres viven enfermos, y no sólo de enfermedades físicas, sino de otras enfermedades peores como la envidia, los celos, la ira, la lujuria, los complejos; en fin, enfermedades del alma que no permiten que uno sea feliz ni esté en paz.
Pero el Evangelio de hoy, aunque breve es una Buena Noticia para todos aquellos que sufren en la tristeza y soledad, Cristo está cerca, viene sanado los cuerpos y los corazones de los hombres que quieren ser felices.
Para todos aquellos que han buscado la felicidad en el prestigio y el dinero, en el placer o en el trabajo, y finalmente no han alcanzado esa felicidad, la palabra te anuncia que viene el Mesías, que basta tocar su manto con fe para quedar curados; este manto es la Iglesia, es a través de los Sacramentos y de su predicación que Dios va transformando los corazones y dando paz a los hombres.
Cualquiera que sea la enfermedad que entristezca tu corazón, aunque creas que no tienes remedio, levanta los ojos a Jesús, el Mesías, enviado para curar toda enfermedad y dolencia. Acércate a Jesús, y en este día pídele que cure las enfermedades de tu alma que hoy no te dejan ser feliz.

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